Por: Jorge Guardia 2 agosto, 2016

Voy a comentar aspectos relevantes del nuevo Programa Macroeconómico del Banco Central: crecimiento, inflación, tipo de cambio y reservas.

Crecimiento. Es una apuesta. El BCCR mantiene su proyección del 4,2% real en el 2016 y un 4,3% en el 2017, basado en la evolución de los indicadores de producción (IMAE), mayor consumo interno de las familias y repunte de las exportaciones. Las universidades y otros críticos creen que será más baja. Veremos quién tiene la razón.

Inflación. Será inferior a la meta del 3% en el 2016 (como habíamos previsto algunos) y convergerá gradualmente hacia el promedio de los socios comerciales en el 2017. Comparado con años anteriores, el panorama es de mucha estabilidad. Implícita en las metas está la limitada volatilidad cambiaria, cardinal para el Central.

Tipo de cambio. Aprovecha para rebatir críticas: el error técnico de sus censores –dice– es no considerar la mayor productividad comparada con otros países, fuente de apreciación en años previos; la leve depreciación entre mayo y julio pasado no responde a la presión de algunas cámaras (como pregonaron), sino a razones técnicas: menor superávit de divisas del sector privado, mayores importaciones por la expansión del PIB, ligero deterioro de los términos de intercambio, aumento de la demanda neta del sector público (mayor factura petrolera) y acumulación de divisas por los bancos; no obstante lo anterior, el tipo de cambio real sigue ubicado en la zona de equilibrio; por tanto, mantendrá su política cambiaria de “intervenir en el mercado para evitar fluctuaciones violentas del tipo de cambio sin interrumpir la tendencia que dictan sus variables fundamentales”. No dio el brazo a torcer, pero...

Reservas. El pero está en las reservas. Afirmó, con toda transparencia, que el flujo de capital oficial será menor y estaría dispuesto a usar algo de sus $7.974 millones de reservas para coadyuvar al financiamiento de la balanza de pagos: $300 millones en el 2016 y $300 millones en el 2017. Es poca monta. El remanente seguiría siendo muy robusto. Pero los críticos dirán que el BCCR no debe, jamás, usarlas, sino acumular más. Eso plantea una pregunta fundamental: ¿Para qué son las reservas? Para usarlas, diría el Central, si no, no tendrían ningún sentido.

Según el FMI, el nivel actual excede la métrica recomendada, por lo que bien podría deshacerse mañana de lo que ayer compró de más. Además, podría alegar que es por una buena causa: mantener la estabilidad. ¿Y la flotación? Se perfila así el tenor de una nueva discusión.