Por: Fernando Durán Ayanegui 27 septiembre, 2015

Hace cien años, exactamente, los armenios de Turquía, condenados a la aniquilación, recorrían la península de Anatolia en sentido contrario al que hoy siguen en esa región los fugitivos de la guerra de Siria.

El más siniestro instrumento utilizado por los políticos turcos y sus fuerzas armadas para perpetrar aquel genocidio fue una marcha del horror a la que fueron obligados cientos de miles de mujeres, hombres y niños cuyo destino mayoritario era el lejano desierto sirio al cual muy pocos de ellos lograron llegar.

Según las fuentes más autorizadas, entre un millón y millón y medio de personas desaparecieron en el transcurso de aquel viaje hacia la nada, asesinadas a mansalva o a causa del hambre y tras sufrir confinamientos en campos de concentración y otras clases de vejámenes y torturas, de manera que no tenemos más remedio que unir aquella atrocidad a la barbarie belga del Congo para identificar los más tempranos genocidios del siglo XX.

Con toda probabilidad, los cometidos en los siglos anteriores por los cristianos europeos en América y en Australia fueron peores, pero sobre ellos se puede alegar la carencia de pruebas fotográficas.

Aun cuando el Gobierno turco sigue negando la naturaleza genocida del asesinato en masa que se prolongó hasta 1918, reanudado en 1923, su pretensión de inocencia resultó desmentida involuntariamente por un especialista en hazañas criminales mayores: Adolfo Hitler.

Convencido de que un olvido similar se aplicaría en el futuro al exterminio de los judíos ordenado por él mismo, el Führer preguntó, en una arenga dirigida a sus secuaces: “¿Quién se acuerda de los armenios?”. No resulta, pues, descabellado afirmar que el exterminio de los armenios fue uno de los gérmenes del Holocausto.

El anunciado endurecimiento de Turquía en el control del paso por su territorio de los fugitivos de Siria debe impedir el olvido de lo ocurrido hace apenas un siglo, y recordarnos el peligro de recaer en la amnesia histórica.

Que el inicio de la Segunda Guerra Mundial ocurrió en setiembre de 1939 con la invasión de Polonia, lo dispone la más aceptada convención, meramente académica puesto que podrían escogerse también la intervención nazifascista en España y la ocupación alemana de Checoslovaquia.

En setiembre del 2015 el mundo está presenciando en los escenarios del Medio Oriente, un libreto que sugiere la repetición de aquel estrenado en la década de 1930.

Ahora el problema es saber cómo reactivar la memoria de nuestra especie.

(*) Fernando Durán es doctor en Química por la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la Universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector en 1981.