Opinión

A ras del suelo

Actualizado el 23 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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En un reciente programa europeo de televisión fue entrevistado el astronauta Rodolfo Neri, “segundo latinoamericano y primer mexicano en viajar al espacio”. Entre noviembre y diciembre de 1985, Neri orbitó 108 veces la tierra en una nave espacial estadounidense. Cuando el entrevistador le preguntó por lo más espectacular que pudo observar durante su misión, el astronauta respondió que, en realidad, por no haberse alejado tanto de la superficie –“apenas unas decenas de miles de kilómetros”–, lo único espectacular que alcanzó a ver fue la curvada y cambiante superficie de nuestro planeta. Después de aquel ejemplar despliegue de modestia, que debió haber sido el único contenido del reportaje, la insistencia del entrevistador –típica de cierto periodismo ligero– obligó al astronauta a entrar en detalles, a cual más trivial de todos, sobre los problemas prácticos de la vida dentro de una pequeña nave en cuya estrechez estuvo, sin duda, mejor que los acompañantes de Cristóbal Colón en sus carabelas.

El periodista, más bien animador de una conversación intrascendente, no se dio cuenta de la importante revelación que encerraba aquella primera respuesta, y también perdió la oportunidad de hacer que el verdadero protagonista de la historia que nos interesaba, ahondara en la importancia científica de su misión. Alguien podría señalarnos que un reportaje televisivo debe, justamente, ahorrarle al televidente –y teleoyente, condición que poco se menciona– el tormento de la reflexión. Decía, en otro contexto, uno de nuestros profesores universitarios: “Lo que digo en el aula le entra al estudiante por un oído, le recorre el sistema nervioso hasta los dedos donde, por medio del lápiz, pasa al cuaderno de apuntes y ahí se almacena hasta la noche anterior al examen semestral”.

La simplicidad de la única respuesta interesante del señor Neri –no por culpa de él, desde luego– apunta al engaño mediático al que es sometida la especie humana cuando le presentan la “conquista del espacio” como el camino hacia la solución de todos los problemas que amenazan su propia existencia. “Allá afuera, en el espacio sideral, está nuestro futuro, del mismo modo que el futuro de las víctimas de las hambrunas irlandesas estaba en América”, parece decir la propaganda tecnologizante. Pero fue significativo que le correspondiese a un latinoamericano advertirnos involuntariamente que seguimos atados a la tierra.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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