Por: Armando Mayorga 1 mayo, 2014

El tiempo pasa y el mundo ¿la va olvidando? Parece que sí. Parece que su situación no es causa de mayores reclamos, pese a que ella, en Caracas, da la cara contra las arbitrariedades de Nicolás Maduro. Arriesga su vida porque, en cualquier momento, la pueden mandar a matar.

Ya intentaron silenciarla por tratar de llevar la mirada de los países de la Organización de Estados Americanos hacia Venezuela. Sin embargo, Maduro pudo más, al menos en la OEA, donde esta mujer de 46 años nunca logró alzar la voz para denunciar los abusos en su país.

Ni siquiera tuvo el derecho a la palabra cuando Panamá le dio una representación temporal para que, desde el micrófono de ese país, se dirigiera al pleno de los embajadores. Así, la OEA, por presión de Maduro y de sus aliados, le dio la espalda a María Corina Machado, la diputada opositora de Venezuela.

Cuando ella puso los pies en su país, fue despojada de su cargo por haber aceptado ese puesto temporal cedido por Panamá para que presentara sus quejas.

El despojo fue una artimaña para deshacerse de una fuerte voz opositora en el Congreso. Ahora, María Corina está en las protestas de la calle, pues la injusticia contra ella la selló un fallo más de la Sala Constitucional, que no ha hecho más que interpretaciones de la ley a favor de cada mandato del Gobierno.

Eso ocurre porque en Venezuela la división entre poderes murió. Allí, Maduro tiene voto en el Congreso y en la Corte.

Una diputada argentina, Patricia Bullrich, que desde fuera alza la voz para exigir la liberación de los opositores venezolanos (capturados por el Poder Judicial con órdenes desde el Palacio de Miraflores), lo dijo bien: América Latina tiene el rabo entre las piernas.

“Este rabo entre las piernas que tienen los Gobiernos latinoamericanos con Venezuela, de no animarse a llamar las cosas por su nombre y denunciar las violaciones de los derechos humanos y proteger a Maduro, es una vergüenza”, dijo ella.

La OEA, los Gobiernos latinoamericanos, el de Costa Rica, han sido muy cautos con Maduro, pese a los 41 muertos, a los 700 heridos y a los 2.626 detenidos, de los cuales 180 siguen presos, entre ellos, Leopoldo López.

No se trataba de derrocar a Maduro, se trataba de que se fuera firme con un presidente que, abiertamente, viola derechos humanos. Al menos, Costa Rica debe sacar el rabo y hablar por María Corina y su pueblo.