Por: Jorge Guardia 6 septiembre, 2016

Me preguntan cómo veo las estrategias de la oposición y el gobierno frente a dos temas en pugna: presupuesto e impuestos. Mi respuesta es la siguiente:

Por ahora, la pugna seguirá como está. El gobierno mantendrá su postura de exigir nuevos impuestos y evadir el tema de los pluses salariales; la oposición resistirá los gravámenes, a menos de ver progreso en pluses, anualidades y demás. No son tontos. Saben que el déficit será insostenible, pero prefieren ver al gobierno cocinarse en ese caldo político (a punto de bullir) y arrastrar consigo al PAC. Pero, ojo, las estrategias irán cambiando.

El presidente tampoco es tonto. Sabe bien que, de aprobarse (algunos) impuestos tras largos meses de desgastante discusión, su entrada en vigor llegaría muy tarde para insuflarle nuevos recursos. No los aprovecharía (alguien le sopló al oído que nadie sabe para quién trabaja). Peor aún, si salieran menguados, con un IVA debilitado (sin subir tarifas) ni aprobar renta (llamada a hacer justicia distributiva), de poco servirían. Se cumpliría el famoso adagio sajón: Too little, too late!

También sabe que su gobierno ya salió. No se visualizan crisis internas ni externas que lo hagan tambalear. El PIB crece al 4% real y algo más el año preelectoral; la inflación seguirá baja en el 2017 (difícilmente habrá manifestaciones por el costo de vida); hay crédito suficiente para producir y tranquilizar al empresariado; el régimen cambiario es flexible y el nivel de reservas del Central es el más alto de la historia (se le abulta el pantalón a la altura del trasero por el grosor de la billetera); la economía internacional sopla vientos cálidos (el FMI aún mantiene crecimiento positivo en el 2017); el brexit no resultó ser tan gravoso; la Fed subirá (al suave) las tasas de interés (apaciguando salidas de capital); y los expertos afirman que el precio de petróleo permanecerá relativamente bajo. (¡Ay, carajo!)

Ante ese panorama, ¿qué cabría esperar de don Luis Guillermo? Desde ya, veo una pícara sonrisa de satisfacción dibujarse (a cachete inflado) en su rostro. Cambiará de estrategia. Pensará más en su legado y en cómo querrá ser recordado. No le convendrá desgastarse más por impuestos ni arrancar a jirones el pellejo de los servidores, a costa de su popularidad. Como dicen los sajones: Enough is enough! Entonces, se apartará del ruedo, dejará sola a la oposición (cuyas aspiraciones son tan ávidas como las de recibir las arcas llenas) para que den ellos la pelea, y hará suyo aquel viejo refrán mejicano: ¡El que quiera azul celeste, que le cueste!