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Se puede vivir sin él

Actualizado el 06 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Se puede vivir sin él

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Todos son prescindibles. Eso queda demostrado en la huelga de los 1.500 empleados del Sindicato de Trabajadores de Japdeva (Sintrajap).

Los sindicalistas creyeron que su amenaza de paro iba a boicotear las importaciones y exportaciones, pero, por primera vez en años, un gobierno, en este caso el de Luis Guillermo Solís, les hace ver que el país puede sobrevivir sin ellos.

En dos semanas de paro, solo lograron cerrar el puerto de Moín durante 10 horas, y la operación en Limón ha sido casi normal. El cómo lo hizo el Gobierno es un caso ejemplar de administración pública y evidencia que, con muchos menos empleados, los muelles salen a flote.

Hasta ahora, Sintrajap, convertido en “sindicato imperial”, tenía secuestrados estos puertos al manejarlos a su antojo. Los monarcas sindicales vendieron la idea de que, gracias a ellos, Japdeva construye obras públicas en Limón.

Lo que los limonenses ignoran es que, mientras los trabajadores ganan y ganan más, menos queda para escuelas, canchas, parques, calles y becas. Así, mientras el año pasado los 1.500 empleados se comieron ¢25.000 millones en salarios (¢17 millones en promedio cada uno), la inversión en la provincia cayó a ¢3.662 millones (6% menos que en el 2012).

En pocas palabras: mientras los sueldos engordan, la inversión pública enflaquece: buen negocio para el sindicato a costa de los limonenses que sufren desempleo, pobreza y la poca inversión del Estado.

A fin de cuentas, como Japdeva no tiene un porcentaje fijo para destinar a Limón, se gira lo que queda después de pagar los privilegios de Sintrajap.

Lo que los sindicalistas ocultan a los limonenses al enfrentar la concesión del puerto de contenedores es que el gigante APM Terminals sí está obligado a dar un 5% de sus ingresos brutos para inversión en Limón. A esto, se sumará 2,5% para mejorar los puertos de Japdeva.

Es decir, APM no solo generará 1.000 empleos durante la construcción, más 400 cuando opere, sino que compensará a Limón con obra pública. Al fin, entonces, la provincia tendrá garantía de que el dinero de los puertos es para provecho propio y no solo para 1.500 personas.

Esta huelga, así, ha dejado sin máscara a Sintrajap porque no es tan poderoso y se puede vivir sin él, pero, sobre todo, ni los limonenses se tiraron a la calle a apoyarlo, como se creyó.

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Armando Mayorga

amayorga@nacion.com

Jefe de Redacción

Ingresó a La Nación en 1986. En 1990 pasó a coordinar la sección Nacionales y en 1995 asumió una jefatura de información; desde 2010 es jefe de Redacción. Estudió en la UCR; en la U Latina obtuvo el bachillerato y en la Universidad de Barcelona, España, ...

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