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La protesta

Actualizado el 22 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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¿Cómo se concilia la tradicional moderación del votante costarricense con el apoyo adjudicado por las encuestas al Frente Amplio? ¿Es esquizofrénico un país donde solo el 5,2% de los electores se declara de izquierda, pero hay un porcentaje muy superior dispuesto a apoyar la opción más radical entre las principales fuerzas en liza?

El desconcierto apenas se justifica. El crecimiento del Frente Amplio no se explica por un súbito viraje de la opinión pública hacia posiciones más radicales ni implica el abandono de las convicciones centristas de la mayoría del electorado. Es una protesta, una rebelión, no contra el sistema sino contra el partido gobernante.

Tampoco debería haber sorpresa. Hace tiempo, un importante sector del electorado anda en busca de una opción capaz de destronar a Liberación Nacional. No es cuestión de ideología, sino de viabilidad. Esos votos se desplazan hacia quien ofrezca la posibilidad de una victoria, no importa su orientación ideológica.

En diciembre del 2009, una agresiva campaña publicitaria, aunada al mantra de la seguridad ciudadana, proyectaba al Movimiento Libertario como campeón de la disconformidad. El Partido Acción Ciudadana (PAC) flaqueaba y corría el riesgo de perderse en la polarización entre el PLN y sus disconformes.

En enero, informes de prensa sobre irregularidades en la campaña libertaria restaron credibilidad a sus posibilidades electorales. El PAC creció al ritmo que se desinflaba el globo de Otto Guevara.

Hace apenas unos meses, la candidatura del Dr. Rodolfo Hernández hacía pensar en la posibilidad de un triunfo socialcristiano. El médico, sin experiencia política y con el lastre de un partido venido a menos, no tardó en posicionarse en el segundo lugar. La apariencia de “viabilidad” hinchó sus velas y no es aventurado pensar que, en ausencia de graves errores, podría a estas alturas estar muy cerca de la presidencia.

El Dr. renunció, regresó y volvió a renunciar en medio de una tormenta de recriminaciones. Los socialcristianos perdieron la condición de “viables” y el 21% de su apoyo se desplazó hacia el Frente Amplio. Un 34% se refugió en otras tiendas opositoras y solo el 6% permaneció leal. El 35% se trasladó al limbo y uno de cada diez decidió respaldar al PLN. Como el PAC tampoco parece “viable”, solo cosechó el 6% de la desbandada.

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Por la misma razón, el 31% del apoyo a José María Villalta proviene de quienes votaron por el PAC en el 2010, cuando pudieron haber optado por la papeleta del Frente Amplio. Queda claro, entonces, por qué la opción de izquierda extrae un 13% de su apoyo de las tiendas libertarias, por contradictorio e increíble que parezca.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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