Por: Fernando Durán Ayanegui 19 octubre, 2014

Con riguroso respeto al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) proponemos que los vocablos metáfora , parábola y caricatura , si bien están lejos de ser sinónimos, se puedan considerar formas evolutivamente encadenadas del fenómeno psicológico conocido como “paraeidolia”. La paraeidolia –palabra ausente en el DRAE, pero que por su abolengo griego es de empleo legítimo– es una aptitud intelectual que permite a los seres humanos, especialmente a los niños, asociar objetos o figuras aleatorias, como nubes y piedras, con entidades organizadas: una mancha en una pared sugiere la imagen de Beethoven, una roca caída al azar sobre un camino se percibe como un camello fosilizado, a una nube que se desplaza contra el fondo azul del cielo se le atribuye figura de elefante, un candidato a algo, a todas luces tonto, se parece a Simón Bolívar y termina ganando las elecciones, etc.

Las siguientes son definiciones tomadas del DRAE. Metáfora : “Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita.: p. ej., Las perlas del rocío , La primavera de la vida , Refrenar las pasiones ”. (El DRAE omite señalar que, con frecuencia dominante, la metáfora consiste en una sola palabra, como cuando se le dice a una joven que es un ángel ; a un palurdo, que es un marrano, o a un pésimo gobernante, que es un estadista ). Parábola : “Narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral”. Caricatura : “Obra de arte que ridiculiza o toma en broma el modelo que tiene por objeto”.

Así como ocurrió en la evolución biológica al aparecer el primer ser viviente pluricelular por asociación de dos o más bacterias, el paso de la metáfora a la parábola se puede ver como un salto evolutivo lingüístico consistente en la formación –a partir de dos o más palabras, frases u oraciones– de una estructura compleja que, desde una perspectiva meramente literaria, puede resultar una obra de arte. De igual manera, los pasos de la metáfora a la caricatura y de la parábola a la caricatura vienen a ser procesos evolutivos en los que una ingeniosa tergiversación lingüística revela la naturaleza perversa, ridícula o grotesca de una persona, un acontecimiento o un Gobierno –algo comparable a la generación de una formación cancerosa en el cuerpo de un animal–.

Lo interesante es que, tras esta y otras reflexiones sobre la evolución lingüística, llegamos a considerar que no existían razones para que el uso metafórico de la palabra sicario por parte de un diputado provocara una agitada tormenta política.

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