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Actualizado el 19 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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Lo dijo el diputado liberacionista Rolando González: el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, dio el lunes una “lección de sentido común ” sobre la necesidad de que el Estado sepa quiénes son los accionistas de las empresas.

Saldado este tema (espero) por un tercero imparcial, es hora de convertir el inflamado debate en negociaciones serias sobre la reforma fiscal. También aquí la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha abierto un buen camino en su reciente informe sobre el desempeño económico y social de Costa Rica, donde abundan el sentido común y claras guías para la acción ejecutiva y legislativa.

Para restablecer el colapsado equilibrio fiscal, dice la OCDE, urge aumentar los ingresos y reducir el gasto público, sobre todo en salarios estatales, convertidos en el gran disparador; eliminar las exoneraciones sin razón económica o social (a grandes cooperativas, entre otras); ampliar la base impositiva, para que, por ejemplo, los servicios se incluyan en el impuesto al valor agregado (IVA), y dotar a Hacienda de mejores instrumentos para combatir la evasión, particularmente alta entre los profesionales liberales, pero no solo ellos.

A estas medidas deben acompañarlas cambios estructurales, como reforzar y extender el control presupuestario del Gobierno sobre las instituciones autónomas; ampliar las tasas impositivas marginales al ingreso; introducir un presupuesto basado en resultados; aprobar reglas claras y verificables sobre gastos; reducir la dependencia del sistema tributario en las contribuciones a la seguridad social (que encarecen el empleo), y convertir algunas de ellas en impuestos menos distorsionantes y más progresivos.

Si avanzamos por estos senderos, será posible conjurar la crisis, generar balance a mediano plazo, mejorar la calidad de la recaudación y el gasto, incrementar las inversiones y atender un gran clamor ciudadano: que los nuevos impuestos (necesarios) no sean una coartada para mantener todo como está, sino medios para mejorar sustancialmente el desempeño del Estado.

La tarea es muy difícil, pero posible, y debe emprenderse ya, bajando la desconfianza, focalizando los esfuerzos y desplegando los mejores talentos técnicos y políticos para negociar.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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