Por: Jaime Daremblum 21 septiembre, 2016

En el drama de la política electoral estadounidense, se enfrentan dos candidatos para la presidencia de esa nación: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. Hay un par adicional de postulantes independientes cuyo impacto es marginal en la selva de las encuestas.

En el ámbito interno de Estados Unidos, hay inmensos retos, desde las relaciones raciales hasta la seguridad social. Asimismo, ocupa un lugar preponderante el espinoso tema del derecho a portar armas. Estos son apenas los títulos de campos sumamente complejos que atañen a la vida diaria de individuos y familias. En cada uno de ellos, hay un mar de cuestionamientos que demandan la atención perenne del presidente.

En el teatro internacional, Estados Unidos ejerce una influencia vital para infinidad de países y pueblos. Este campo no se reduce a visitas sorpresivas con cajas de chocolates en la mano. En particular, tampoco depende de la simpatía que exprese el ocupante de la Casa Blanca ni el emisario, embajador o presidente de una potencia foránea. Señalamos lo anterior por la proclividad de Trump a improvisar sus aventuras en el exterior como si fueran safaris o los concursos de belleza que sus empresas organizan.

Al breviario que antecede, debemos agregar las situaciones agudas que desafían la paz y la democracia, entre ellas, las guerras, insurgencias o chantajes y el difícil menú de la arrogancia china en su entorno y las volteretas rusas. Hay un trasfondo obligado en el hecho de ser Estados Unidos la mayor potencia mundial y la amenaza constante de conflictos bélicos que se arremolinan y son susceptibles de escalar a enfrentamientos difíciles.

Por su experiencia amplia en la diplomacia y los conflictos que actualmente enfrenta Estados Unidos, Clinton califica como una gran líder de su nación. Sin embargo, carga con imágenes de enredos financieros y problemas matrimoniales. En estos días se encuentra afligida por el escándalo de los servidores de correos en su domicilio donde se mezclaron los asuntos oficiales con los personales.

Trump no es un diamante inmaculado. Su aspecto y lenguaje son groseros e irritantes. Desde luego, su billetera es legendaria para los deals que acostumbra armar. Mas esto importa poco para los asuntos estratégicos y de Estado que enfrentaría a la cabeza de su país.

Qué lástima que se haya escapado la oportunidad de una candidatura presidencial de Collin Powell, general brillante y estadista admirado alrededor del mundo. Pero las vueltas de la política podrían reubicarlo en una condición de liderazgo global uno de estos días.