Opinión

El poderoso Kim

Actualizado el 14 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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¿Qué trama Kim júnior? Este joven gobernante, a sus escasos 34 años de edad, ha devenido en el superpoderoso amo de una nación a la que mantiene atenazada y harto nuclearizada.

Sus órdenes son consideradas mandatos divinos por sus oprimidos adoradores. Al menos, esto es lo que el pobre país comunica diligentemente a los encuestadores así como a los escasos visitantes del exterior. Los guías de ese declinante turismo foráneo recitan igualmente loas a Kim, alabanzas que comparten con humildes pero temblorosos burócratas que proclaman al unísono su adoración por el beibi monarca.

Sin embargo, debemos ser justos con el rey Kim. Al igual que algunos de sus hermanos, fue enviado a lujosos internados en Suiza para refinar su educación, su cultura y su gusto por las cosas buenas del capitalismo. No asombra, entonces, que el Kim de turno hable francés y se deleite con célebres vinos y otras delicias de la patria de Napoleón.

Todo lo dicho subraya por qué el príncipe Kim siempre anda acompañado de una guardia pretoriana que lo protege de curiosos y quizás de posibles enemigos. Comunicadores del Oeste que lo han escuchado quedan impresionados por lo mal que machuca la lengua materna y lo bien que pronuncia el inglés y el francés. Parecieran muy buenas las casas de estudio donde fue enviado por papi.

Hoy día, Kim ha agregado otra presea a su biografía. El viernes presidió su quinta explosión atómica, precedida apenas seis meses de la cuarta prueba. El regocijo que expresó en su festival atómico lucía genuino. Al fin de cuentas, el motivo del entusiasmo oficial fue el potencial explosivo del artefacto que, aunque cercano a los de Hiroshima y Nagasaki en 1945, portaba un estandarte de la miniaturización que ambiciona Kim para su ojiva.

Esta adaptación pondría en manos de Corea del Norte la opción de utilizar la ojiva con los nuevos modelos de misiles que Pionyang ha producido, aptos para remitir encargos a Estados Unidos. No sobra señalar que la fabricación de exóticos misiles y armamentos colocan a Kim al dedo de megamortales e inéditos acontecimientos nucleares.

Con todo, los expertos recomiendan no creer a ciegas las bufonadas de Kim. Richard Nixon, desde la llanura, aconsejaba sumo cuidado con las exageraciones de los “loquitos”. Estos personajes buscan protagonismo y recogen inimaginables ganancias del chantaje que montan. No faltan ejemplos de figuras de esta categoría ni tampoco de solícitos y acobardados gobernantes que se someten a las loqueras de ciertos personajes.

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