Por: Jorge Vargas Cullell 10 noviembre, 2016

Quiero gritar. Quiero despertarme y darme cuenta de que, por dicha, la victoria electoral del chovinista, xenófobo y charlatán de Donald Trump en Estados Unidos era pesadilla de una mala noche. Que la realidad real era otra y que al abrir los ojos se desvanecían las fuerzas oscuras de la razón autoritaria de los Duterte en Filipinas, Le Pen en Francia, Erdogan en Turquía, Putin en Rusia, Ortega en Nicaragua y ahora Trump. Que el mundo del siglo XXI no es una reedición de los años treinta del siglo pasado, cuando los totalitarismos arrasaron (con apoyo popular) las democracias y nos llevaron a la sinrazón de guerras y genocidios. Pero no, la realidad es la que es y la tristeza me oprime, no lo oculto. Hoy es día para lamentar.

Enciendo mi pensamiento racional y me doy cuenta de que no me interesa hacer autopsias, pensar sobre las causas que hicieron posible este desenlace. La torta está hecha. Pongo el foco en otra cosa y cavilo sobre las implicaciones de esta victoria popular de la extrema derecha supremacista y aislacionista en la primera potencia mundial, el país más importante para la economía y el orden internacional. Mire como se mire el asunto, un incompetente engreído en la cúspide del poder, aupado por lugartenientes impresentables y sin contrapesos en el Senado y la Cámara de Representantes, pues su partido tiene mayorías, es gasolina regada en búsqueda de un fósforo.

Los riesgos son altísimos: ¿Y qué si Trump debilita la OTAN como ha prometido hacerlo? ¿Y qué si hace de la tortura y el asesinato un emblema de la política exterior, como lo ha dicho? ¿Y qué si se sale del acuerdo del cambio climático logrado en París, luego de años de trabajo, pues para él todo eso es una pura invención? ¿Y qué si echa para atrás los derechos civiles de las minorías, los derechos reproductivos de las mujeres y procura arrinconar a la prensa independiente, como lo ha afirmado? ¿Y qué si construye el muro y deporta a millones? ¿Y qué si denuncia los tratados comerciales, el nuestro también? ¿Y qué si mezcla sus negocios personales con los asuntos de Estado, con actos tan corruptos como arrogantemente impunes?

Son interrogantes para las cuales hoy no tengo respuesta, solo mariposas en la panza por la incertidumbre que me producen. Pienso, sí, que nuestro pequeño país tendrá que andar con mucho tiento. Para empezar, debemos hacer una fuerte inversión en diplomacia e inteligencia política para tener un sistema de alerta temprana en relación con la política estadounidense. Que no nos pillen con los pantalones abajo.