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¿Qué pasó con la Alianza del Pacífico?

Actualizado el 10 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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¿Qué pasó con la Alianza del Pacífico?

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¿Qué pasó con la solicitud de Costa Rica para ingresar a la prometedora Alianza del Pacífico? Parece que la engavetaron. ¡Lástima!, porque se perderían oportunidades económicas y políticas muy valiosas para el país. El Gobierno nos debe una explicación.

La Alianza del Pacífico nació en abril del 2011 como una iniciativa de integración regional, pero flexible y abierta al resto del mundo. Está conformada por Chile, Colombia, México y Perú.

Su objetivo es la formación de un área de integración profunda para impulsar, en estos países, mayor crecimiento, desarrollo y competitividad, así como progresar en la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, y plasmar una plataforma de integración económica y comercial con una proyección hacia la región Asia-Pacífico, la más pujante del mundo.

Costa Rica adquirió el estatus de “observadora” en el 2012, y fue invitada a incorporarse plenamente en el 2014. Pero no lo ha hecho, a pesar de satisfacer casi todos los requisitos: tiene tratados vigentes con los cuatro grandes y cumple holgadamente las recuestas del artículo 2 del tratado: vigencia del Estado de derecho, (envidiable) democracia, separación de poderes y la protección de los derechos humanos y libertades fundamentales.

Un estudio de varios economistas reconocidos, dirigido por el Dr. Roberto Abusada-Salah, demuestra los beneficios de la Alianza: incrementa el comercio, las importaciones y exportaciones y, también, el bienestar de sus miembros. Lo interesante es que cobijó también el caso de Costa Rica.

Nuestro producto total aumentaría un 0,5% gracias al incremento en el valor agregado de muchos sectores; habría más comercio gracias a la disminución de costos en bienes finales e insumos; subiría el ingreso real promedio en 0,811% y casi todas las exportaciones. Y –agrego yo- más volúmenes de comercio y producción significan mejores empleos y salarios.

Lo que más deseo destacar son las posibilidades de negociar en grupo frente a terceros bloques o países, amparados a la fuerza de cuatro grandes que, en conjunto, representan el 40% del PIB latinoamericano, un mercado de 216 millones y la novena economía del planeta.

La Alianza inició negociaciones con los países asiáticos, la Unión Europea y el Mercosur. Juntos, tendríamos más posibilidades de éxito. Sería como montar nuestro velerito comercial en un transatlántico (o transpacífico) para surcar las aguas fuertes de altamar.

¿Por qué, entonces, le dan largas? Merecemos, insisto, una explicación oficial.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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