Por: Jorge Vargas Cullell 28 junio

En días pasados, el gobierno presentó el plan maestro del nuevo aeropuerto en Orotina. Esta obra abriría las puertas, en su primera etapa, dentro de diez años y demandaría inversiones adicionales en carreteras y trenes para conectar la terminal eficientemente con el Valle Central. El plan es importante para el futuro del país y ojalá los próximos gobiernos no le zafen la tabla. En pocos meses esta duda se despejará.

Me interesa un ángulo secundario de este proyecto, no directamente relacionado con él, pero que puede afectar la vida de miles. Cuando el nuevo aeropuerto inicie operaciones, nuestra principal terminal aérea, el Juan Santamaría, quedará como una facilidad secundaria y el Tobías Bolaños, la pista en Pavas, cerrará.

Mi pregunta: ¿Qué hacer con el terreno de poco más de 40 hectáreas del Tobías Bolaños, en plena ciudad capital? Está apenas separado del asentamiento de La Carpio por el delgado cañón del río Torres y es contiguo a la zona más populosa y deprimida de Pavas. ¿A qué dedicar ese pedazo de tierra planita (prime real estate dirían los entendidos), ideal para desarrollos de urbanizaciones?

Propongo esta idea: en vez de llenar eso de edificios, hagamos ahí un gran espacio público, un parque urbano al servicio de los casi 100.000 habitantes que viven a menos de dos kilómetros de distancia. Pienso en algo así como la réplica del parque La Libertad, desarrollado en Río Azul, en tierra donada por la empresa Productos de Concreto y rodeado por comunidades vulnerables.

El parque La Libertad es mucho más que un parque: “Es un proyecto de seguridad humana e inclusión social que busca mejorar la calidad de vida de las comunidades aledañas mediante su desarrollo económico, social y ambiental”. Ahí hay espacios verdes, proyectos de conservación de la biodiversidad, centros de apoyo a emprendimientos productivos, escuelas de música, artes circenses, artes visuales y apoyo para el desarrollo comunal. El parque La Libertad es un ejemplo de cómo, mediante la colaboración pública y privada, se pueden hacer las cosas bien.

Aprovechemos esa experiencia en el lado este de la ciudad para replicarla en el oeste. Sería una gran cosa para todo Pavas y La Carpio. No se trata de desvestir un santo para vestir otro, sino de pedir ayuda a los que saben y planear con tiempo el proyecto y su modelo de gestión. ¡Hagámoslo!