Por: Luis Mesalles 5 noviembre, 2016

La producción de energía es fundamental para el funcionamiento de una economía moderna. Conforme se desarrolla un país, el consumo de energía aumenta. De ahí que la administración del recurso energético sea fundamental para el desarrollo económico. El aumento de la demanda de energía debe ir acompañado de un aumento de la disponibilidad, a un costo razonable.

La Agencia de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) estima que la demanda de energía mundial crecerá un 48% entre el 2012 y el 2040. Dicho crecimiento será suplido, principalmente, por energías renovables, que en ese tiempo se espera se duplique su producción.

Esto se debe, en buena medida, a que el costo de producción de las energías renovables, particularmente la solar y la eólica, ha bajado de manera impresionante. El costo de la energía solar ha caído el 99% desde 1977, y se espera que siga bajando en el futuro, dados los avances tecnológicos que vienen.

Aun con lo bajos que están los precios de hidrocarburos actualmente, en Estados Unidos se están construyendo más plantas solares y eólicas que de cualquier otro tipo. En Abu Dabi se planea construir una megaplanta solar con capacidad para 1,2 gigawatts –tres veces la recién inaugurada P.H. Reventazón–, y con un costo de operación de $0,024/kWh, cerca de una cuarta parte del costo promedio de generación de electricidad en Costa Rica.

La desventaja de las plantas solares y eólicas es que no proveen energía en forma constante. Dependen de que salga el sol o haga viento. Pero esta desventaja pronto desaparecerá, en el tanto el desarrollo tecnológico ha venido reduciendo aceleradamente el costo de las baterías para almacenar energía.

A las consideraciones económicas, hay que sumarle que las energías renovables son obviamente mucho más limpias que quemar combustibles fósiles. Aspecto fundamental para cumplir con el recién firmado Acuerdo de París contra el Cambio Climático.

A pesar de la tendencia mundial, el ICE actúa de otra manera. Propone desarrollar dos plantas térmicas (de diésel) para atender la demanda eléctrica al 2025. O sea, el ICE quiere contaminar más, en lugar de actuar acorde con la idea de que el país sea carbono neutral en el 2021. Además, al solicitar a la Aresep un aumento de tarifa para financiar dichas plantas térmicas, demuestra que su costo de operación será mayor que el promedio actual, ya de por sí elevado. Es decir, el ICE quiere producir energía sucia y cara.

A como va la cosa, cada vez habrá más gente que querrá independizarse del ICE.