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Buenos días

Palabras, ahora hechos

Actualizado el 11 de mayo de 1995 a las 11:20 am

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Palabras, ahora hechos

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Más allá de los discursos y lejos de las frases de concordia, ritual externo del entendimiento, los acuerdos se rubrican con los hechos. Y eso es lo que el país espera del presidente José María Figueres y del expresidente Rafael Angel Calderón. Hechos que salven los escollos que sin duda se presentarán. Hechos que redunden en beneficio de todos, sin distinción de partidos ni clase social. Hechos que ayuden a la nave nacional a llegar a buen puerto, en medio de las agitadas aguas que la circundan.

No tenemos razón alguna para dudar del entendimiento alcanzado por los dos líderes. Pero tampoco es conveniente el repicar estruendoso de las campanas de las grandes expectativas ya que estas raramente se alcanzan en su totalidad, y en política sus logros suelen ser parciales. Los atrasos en el cumplimiento de los objetivos también demoran en recuperarse para alcanzar el nivel de estabilidad deseable. La jurisprudencia existente en materia de grandes acuerdos políticos inclina a la opinión pública a la cautela; pero, dentro de lo posible, los costarricenses tienen que dar su aporte para facilitar el consenso establecido por sus dirigentes. Es hora, entonces, de deponer intereses parroquiales en el momento en que aborden los grandes temas y dejar que penetre la luz del desprendimiento para que el diálogo nacional rinda dividendos.

Estas reflexiones sobre el pacto alcanzado entre los dos líderes políticos no deben excluir al hombre que desempeñó un papel preponderante para que se hiciera realidad: el colega Julio Rodríguez, el periodista que, entre bastidores, colaboró en paliar la gravedad de la situación imperante, llena de resquemores. La búsqueda del entendimiento encontró en él el derrotero requerido para fijar el rumbo, tarea a veces angular de la prensa.

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