Por: Eduardo Ulibarri 31 julio, 2015

Para comenzar agosto, el presidente Luis Guillermo Solís debería guardar su traje de bombero y medirse el de estadista. Quizá le quede.

El mes de sesiones legislativas extraordinarias que comenzará el lunes permitirá al Gobierno definir su agenda, ordenarla según sus prioridades, negociarla con visión estratégica y moverla con sentido táctico. Es una gran oportunidad.

Bien aprovechada, podría abrir puertas para afrontar la crítica situación fiscal y marcar el camino del país en temas tan críticos como las pensiones, el manejo del presupuesto, el empleo público y otras necesidades más concretas.

Mal conducida, profundizará la percepción –ya profunda– sobre un gobierno desarticulado, sin rumbo claro y encerrado en el juego corto de la política. Es decir, debilitará aún más la gobernabilidad.

El ministro de la Presidencia, Sergio Alfaro, entiende la dinámica de la Asamblea. Estuvo allí durante el cuatrienio que concluyó en el 2010. Además, goza de respeto entre los diputados. Es un punto de partida indispensable, pero totalmente insuficiente.

Para impulsar la agenda se requiere mucho más. Como mínimo, el presidente y su equipo deberán plantear un portafolio de propuestas sólido y coherente, sobre todo en materia fiscal, desde el cual abrir negociaciones serias con la oposición. Si esta responde –como debería–, al menos una parte del camino podrá despejarse.

En nada de lo anterior existen verdades ocultas, pero sí un enorme desafío: la buena ejecución. Paradójicamente, el PAC se ha erigido como uno de los mayores obstáculos para afinarla.

Si el partido oficial actuara unido –en su fracción, de esta con su cúpula, y de ambas en coordinación el Ejecutivo–, podría crear un eje alrededor del cual construir acuerdos, o un engranaje para conectar partes sueltas.

Sin embargo, está multifraccionado; peor aún, al aliarse su cúpula con el Frente Amplio y unos sindicatos, perdió flexibilidad para emprender y negociar, y el presidente no ha podido, o quizá no ha querido, tomar nota.

Alinear tan complejas fichas es muy distinto a apagar incendios que al poco tiempo renacen. Plantea un desafío de visión, competencia y estatura. Por esto requiere otras ropas, temple y actitudes.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).