Por: Jaime Daremblum 6 abril, 2016

De nuevo la muerte toca las puertas de un periodista prominente en Rusia. Y, otra vez, el misterio rodea las circunstancias en que la víctima falleció. Así, Mijaíl Lesin, creador y por mucho tiempo rector del aparato de prensa y televisión del Kremlin, fue encontrado muerto el 4 de noviembre pasado en una habitación del conocido hotel Dupont Circle, en Washington.

Inicialmente, la Policía no halló rastros ni huellas de un posible autor o autora ni tampoco causas físicas inmediatas de la muerte de Lesin. Sin embargo, sus antecedentes en la corte de Vladimir Putin motivaron indagaciones policiales en Washington sobre el porqué de su fallecimiento y su autoimpuesto exilio en Estados Unidos.

Lesin rosaba los 57 años y no mostraba patologías fatales de salud. Por ejemplo, no aparecieron residuos de isótopos fulminantes como los que cobraron las vidas de varios de sus colegas rusos. No obstante, tenía gran afición por licores duros y en abundantes cantidades. Por si faltara, su mal genio ya era harto conocido. Su ascenso por los túneles del Kremlin mostró otra cara más de su conflictiva personalidad que condujo a choques serios con personajes de alto vuelo que abonaron el ambiente hostil que llegó a encarar en la corte de Putin.

La tirantez entre Lesin y algunos cofrades del presidente se combinó con revelaciones gráficas en la prensa europea acerca de las lujosas residencias que poseía en Estados Unidos, que terminó en su abrupta salida de Rusia en el 2014. Sus hijos ya llevaban tiempo en Norteamérica y, en esta ocasión, Lesin viajó acompañado por su más reciente girlfriend quien llevaba en sus entrañas un retoño más de Mijaíl.

Un ruso asesinado siempre es noticia, sobre todo si traía consigo conflictos con Putin. Tampoco podemos evadir la nutrida lista de periodistas rusos muertos que se habían jactado de estar a salvo por su pluma y su periódico. Sin embargo, al revisar una nómina de comunicadores que fueron eliminados desde temprano en la gestión presidencial de Putin, nos damos cuenta de que hasta el 2005 el tema mortífero había sido la guerra en Chechenia y la responsabilidad de Putin por las atrocidades cometidas en ese conflicto.

El incesante clamor de la prensa sobre el asunto devino en el trasfondo de una cadena de homicidios que no ha cesado. Periodistas que en algún momento osaron criticar a Putin pasaron a integrar la nómina fúnebre. Y si bien algunos de ellos siguen con vida, no hay por qué dar el plazo por agotado. Ahora, con Lesin en la cuenta saldada, las preocupaciones de sus colegas más bien se acrecientan.

Jaime Daremblum es abogado y politólogo. Es director de estudios latinoamericanos del Hudson Institute y tiene un Ph.D. de Tufts University, Flectcher School. Fue embajador de Costa Rica en Washington y analista del Fondo Monetario Internacional.