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Para nunca olvidar...

Actualizado el 03 de abril de 2014 a las 12:00 am

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El 22 de octubre del 2009, las sucias aguas del Grande de Tárcoles ahogaron la vida de cinco pasajeros de un bus cuando el puente de hamaca de Turrubares se desplomó al paso del vehículo cargado con 38 personas. Lo que pasó después es otra historia, igual de turbia como el agua donde todo comenzó. Ha sido una historia de irrespeto por la vida, hacia los dolientes y con la justicia.

El Estado se hizo de la vista gorda y no pagará un cinco de indemnización. Judicialmente, es caso cerrado. Moralmente, está abierto y es una vergüenza para un país que se precia de dar sumo respeto a la vida.

En esta tragedia, todo estaba anunciado y a la vista. Un puente de 1924 que daba miedo por su estado... pero nada se hizo.

Natalia Meléndez, de 30 años, iba en el bus. En casa dejó a sus dos hijos adolescentes y a Sareth Arias, la más pequeña, quien hoy tiene nueve años y vive, apenas, con su abuela Flor Rojas. El Estado se olvidó de ellos. “¿Quién los viste, les da de comer, los manda a estudiar? En estos cuatro años y medio nunca ha venido nadie a esta casa a decir: ‘tome esto para que los alimente, para los pasajes o que vayan a estudiar’”, dijo la señora.

Esa es Costa Rica, donde por legalismos y omisiones de abogados, esta y otras familias no recibirán indemnización. ¿Por qué en este caso la vida no vale nada? Es cierto que nunca se repondrá la presencia de un padre o una madre, pero en Estados Unidos, cuando un túnel aplastó en el 2006 el vehículo en que viajaba la costarricense Milena Mora, la justicia sí valoró su vida y obligó a indemnizar con $6 millones a su marido e hijos.

Aquí, pese a que los dolientes reclamaron ¢2.500 millones entre los cinco, el caso se cerró y una víctima de la irresponsabilidad del Estado es Sareth .

Todos los costarricenses tenemos que ponernos en los pies de los fallecidos y sus dolientes porque lo mismo nos puede pasar. Desde el 2007, estudios identifican falta de mantenimiento o poco personal para supervisar el estado de los puentes del país. Pero, todo sigue casi igual.

Si en Turrubares el aparato estatal dio la espalda a los afectados, sin duda, lo mismo ocurrirá cuando otro puente caiga. Esa es la Costa Rica donde la vida no vale nada y solo es de esperar que desde los Poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial hayan acciones de cambio, pronto, para prevenir tragedias o, si es del caso, sancionarlas e indemnizarlas como debe ser.

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Armando Mayorga

amayorga@nacion.com

Jefe de Redacción

Ingresó a La Nación en 1986. En 1990 pasó a coordinar la sección Nacionales y en 1995 asumió una jefatura de información; desde 2010 es jefe de Redacción. Estudió en la UCR; en la U Latina obtuvo el bachillerato y en la Universidad de Barcelona, España, ...

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