Por: Armando González R. 6 abril, 2014

El país está urgido de definiciones. La primera se producirá inevitablemente hoy. Otras no tienen plazo perentorio, pero eso no les resta urgencia. En especial, hay premura por conocer el rumbo de la política económica. Entre los temas esenciales figura el déficit fiscal.

Antes de la emisión del sufragio, los candidatos tienen un margen para ajustar el discurso a las necesidades electorales. Definida la escogencia del nuevo gobierno, especialmente en las actuales circunstancias del país, es preciso enviar mensajes claros, ojalá tranquilizantes, para procurar la continuidad de la inversión y de la actividad económica.

El déficit, afirma Luis Guillermo Solís, no debe ser una obsesión. La expresión es tan general que no permite aquilatar hasta dónde minimiza el problema o si, más bien, pretende ubicarlo en otra perspectiva. Pero los acontecimientos recientes contribuyen a darle relevancia. La última colocación de bonos costarricenses pagó un rendimiento mucho mayor, en parte por las nuevas condiciones del mercado internacional y, en parte, por temor a las repercusiones de la creciente brecha fiscal.

El castigo financiero podría aumentar al ritmo del déficit y los bancos de inversión invitados a la última colocación de bonos interrogaron al ministro Édgar Ayales sobre el tema. No se puede decir que estén obsesionados, pero, sin duda, están preocupados. Preguntaron, como lo hacemos muchos costarricenses, cuál será la respuesta del próximo gobierno. Contestar que el tema no será una obsesión podría interpretarse como despreocupación. Nada permite afirmar que la despreocupación exista, pero es preciso despejar la duda creada por la afirmación del candidato.

Helio Fallas, aspirante a vicepresidente y principal figura económica del Partido Acción Ciudadana, no dijo estar obsesionado con el problema, pero sí admitió que le quita el sueño. Más tranquilizante aún es su reconocimiento de la necesidad de “actuar en forma inmediata sobre el tema fiscal”.

Según Fallas, el análisis expuesto por el ministro Ayales es “muy valioso” y para nadie es secreto el lugar de privilegio concedido en él al déficit fiscal. Fallas manifestó intenciones de retomar ese trabajo, entre cuyas virtudes menciona la visualización de las prioridades.

Falta una clara manifestación de Solís para saber hacia dónde nos conduciría un gobierno del PAC en la doble vertiente del problema: la búsqueda de nuevos ingresos y el inevitable recorte de gastos, más allá de los desperdicios o frivolidades evidentes. La permanencia de las dudas entraña el riesgo de despertar una paralizante obsesión, con grave daño para el dinamismo económico y la inversión.