Por: Jorge Guardia 7 abril, 2015

Algo dijimos en la última columna sobre el tipo de cambio y la política cambiaria. Me gustaría hoy complementar la información con dos pinceladas sobre la política monetaria y las tasas de interés.

El BCCR decidió en marzo bajar la tasa de política monetaria (TPM) en 25 puntos base para ubicarla en un 4,5% anual. Ese movimiento en el tablero monetario pareciera indicar que no desea endurecer la política crediticia y de tasas de interés –como en algún momento lo recomendó el FMI para mantener la inflación– sino, más bien, suavizarla un poco. ¿Hay razones que lo justifiquen?

Antes de responder, introduzcamos otros dos actores que también influyen en las tasas de interés: La FED (domiciliada en EE. UU.) y el déficit fiscal (con ropaje tico). El primero mantiene todavía tasas de interés muy bajas, pero puede presionarlas al alza cuando regularice su política monetaria; el segundo, también las puede subir al agotar los $1.000 millones de eurobonos. En ambos casos, es cuestión de tiempo.

¿Por qué bajar las tasas ahora? La explicación podríamos desgajarla (con pinzas) de un interesante reportaje del periodista Sergio Morales, de El Financiero , donde cita a Eduardo Prado y a Roger Madrigal del BCCR. La pregunta que gravita implícitamente en toda la entrevista es si el Central ha variado su postura y, en vez de centrarse en la inflación, favorece ahora el crecimiento de la producción. Ni la pregunta ni la respuesta son triviales.

Los altos funcionarios dan una explicación convincente: “La decisión de bajar la TPM no responde al deseo de estimular la producción, en cuyo caso debería bajarse a cero –dicen– sino más bien a no estimular entradas de capital financiero. El objetivo sigue siendo controlar la inflación”. Tienen razón.

Para cambiarlo, habría que modificar la ley. Se han podido ajustar un poco las tasas porque los precios internacionales del petróleo y los alimentos han bajado sin poner en entredicho las metas de inflación. La economía crecerá solo un 3,5% y no visualizan presión adicional de la demanda agregada (salvo la del sector público, diría yo).

En resumen, se pueden reducir levemente las tasas, o evitar que suban si el gobierno las presiona, para evitar apreciar el tipo de cambio, que afectaría la exportación. Son objetivos bien pensados pero que no se deben extralimitar para no atizar la inflación ni apreciación. Pero, si hubiera algún meneo cambiario cuando la FED suba las tasas de interés, el BCCR debería estar preparado para usar los $800 millones de reservas por acumular y ajustar las tasas de interés. Como dijo Olivier Castro, hay que estar ojo al cristo y mano a la cartuchera.