Por: Jorge Guardia 10 noviembre, 2015

El panorama político y económico está variando muy rápidamente, aquí y afuera. Unos cambios son positivos; otros, de cuidado.

En el escenario político nacional veo un cambio en la postura del PLN ante lo fiscal. Comprometió sus diputados a aprobar el presupuesto tal cual, y trascendió su rechazo a las reglas fiscales para controlar el gasto futuro, el déficit y la acumulación de la deuda. ¿Será que se siente ya de nuevo en el poder? Algo me dice que el próximo pacto será para aprobar el proyecto de impuestos. ¿Cómo reaccionarán sus demás colegas opositores? Es el principio del fin de la alianza en la Asamblea.

En el mundillo financiero se está librando una intensa batalla por las tasas de interés. Unos quieren bajarlas; otros, subirlas o, por lo menos, mantenerlas altas en términos reales para preservar utilidades. Hay que tomar partido. Los bancos públicos, Hacienda y el BCCR están convencidos de que mantener tasas reales tan altas perjudica a la economía nacional, desestimula la inversión e implica una traslación injustificada de recursos. Yo estoy con ellos. Dos razones, al menos, me motivan: la brecha del producto (lejos del pleno empleo) y la baja inflación nacional y global.

Ya el BCCR declaró su inclinación a bajar la meta de inflación al 3%. ¡Buena noticia! Dará más espacio para reducir intereses. En EE. UU., la UE y Japón también reina la baja inflación, al igual que en muchos países emergentes. Pero, claro, se aplican restricciones: los países exportadores de petróleo y materias primas han visto sus balanzas de pagos y monedas afectadas por los bajos precios mundiales y sufren más inflación al subir el tipo de cambio. Costa Rica, por fortuna, está en el otro extremo: importa combustibles baratos, por lo que el tipo de cambio y los bajos precios externos ayudan a consolidar la baja inflación.

Muchos autores aseguran que vivimos en un mundo sin inflación ( a world without inflation ) y creen que seguirá así. Pero una menor inflación no necesariamente es sinónimo de deflación ni, mucho menos, recesión. La producción en EE. UU. se recupera bien, al punto de generar suficientes empleos para reducir un tanto el desempleo (de 5,1% a 5%) y se acerca al nivel con el que la Fed se siente confortable (4,9% histórico).

También crecieron los salarios reales, lo cual es una excelente noticia. Nosotros podremos reclamar algún cachito de esa mejoría mediante las exportaciones, que ayudarán a incorporar más trabajadores a la fuerza laboral. Podríamos crecer un 4% real en el 2016. Eso nos ha de alegrar todos.

Jorge Guardia es abogado y economista. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es, además, profesor de Economía y Derecho Económico en la Universidad de Costa Rica.