Por: Nuria Marín Raventós 25 mayo, 2014

La desaparición del vuelo de Malasyan Airlines MH370, en el que viajaban 239 personas entre tripulantes y pasajeros, si bien es fuente de profunda frustración y desencanto por los poco fructíferos resultados y por las grandes lagunas que aún rodean el caso, al menos desencadenó una movilización de más de 25 países y la asignación de millones de dólares en labores de rescate y búsqueda del paradero y destino final del fatídico vuelo.

Una realidad muy distinta es la que acompaña a las casi 300 preadolescentes y jóvenes secuestradas en Nigeria, el pasado 14 de abril, a manos del grupo extremista islámico Boko Haram, y cuyo nivel de prioridad para el Gobierno nigeriano ha sido tan bajo que el número oficial de víctimas es aún desconocido.

Deja un gran sinsabor que el Gobierno nigeriano tomara dos semanas para apenas emitir una declaración oficial. Además, su capacidad para rescatar a las menores, cuyo paradero aún es desconocido, queda en tela de juicio. Me atrevo a concluir que la respuesta gubernamental se dio ante la fuerte presión internacional.

Frente a la desidia gubernamental nigeriana, contrasta positivamente la fuerte indignación despertada a nivel de la sociedad civil internacional, en la que destaca el movimiento alrededor del hashtag #BringBackOurGirls, que ha logrado aglutinar más de 4 millones de tuits.

Por otra parte, resultan positivos, pero aún tímidos, los compromisos de la comunidad internacional frente a esta atroz acción del grupo terrorista, que bien podría catalogarse de “crimen de lesa humanidad” (por razones de género, edad y culto).

Positivos han sido los esfuerzos del presidente François Hollande, que derivaron en una reciente reunión en París, con la participación del Gobierno nigeriano, el apoyo de cuatro de sus países vecinos –Chad, Níger, Camerún y Benín–, así como la oferta de ayuda de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Este último país envió 80 efectivos de alta especialización a Chad. Sin embargo, cuestiono la efectividad y alcances de la ayuda internacional y echo de menos una reacción y apoyo más decidido de los Gobiernos.

En materia internacional no hay peor actitud que la indiferencia y la timidez, y duele aún más que esa indiferencia se arraigue por la histórica discriminación contra las mujeres y los más vulnerables.

Si bien vivimos realidades complejas, como la anexión ilegítima de Crimea y la amenaza a la soberanía ucraniana, hoy más que ayer son necesarias la claridad y la toma de acciones que denoten un renovado compromiso con la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional.