Por: Jaime Daremblum 21 octubre, 2015

La canciller alemana, Ángela Merkel, visitó Turquía el domingo para reeditar la práctica de dar y pedir. En público, ante cámaras y periodistas, todos contentos. En privado, la cosa no era el usual dando y dando. Un cheque por 3.000 millones de euros asomaba entre los papeles de doña Ángela.

Por su parte, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, tras musitar un vacuo saludo, reiteró por enésima vez el pedido de su país para ser admitido a la membrecía plena de la Comunidad Europea. Esto continúa siendo el objetivo central de Turquía, proclamó el anfitrión, y cualquier otro tema sería agregado al creciente montículo de los asuntos pendientes.

La misión de la Merkel continuó frustrada con una obligada visita al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien horas antes dijo a la prensa que su país ya hospedaba 2,5 millones de esos refugiados. Asimismo, señaló que Turquía llevaba largo tiempo de insistir ante el Consejo Europeo y la OTAN en la creación de una zona de asilo en el norte de Siria para los refugiados de ese país, área que a su vez sería protegida por las potencias occidentales.

La misión de Merkel era, francamente, pedirle a Turquía detener el diluvio de migrantes sirios que amenaza ahogar a Europa. A cambio de frenar esa inundación, Europa ayudaría en esa gigantesca tarea con los 3.000 millones de euros que simbólicamente portaba en su cartera. Desde luego, los Gobiernos europeos podrían entonces reasignar los migrantes ya recibidos y devolverlos a Turquía.

Bonito el juego, aunque Alemania ya alberga casi un millón de esos migrantes. La jefa del Gobierno germano hace poco “regañó” a las naciones de su entorno por negarles asilo a las masas de refugiados. Su noble gesto mereció aplausos en el mundo y hasta una nominación al Premio Nobel de la Paz. No obstante, Erdogan, no conocido por su amabilidad ni su galantería, está ahora en funciones temporales. En las recientes elecciones parlamentarias su Partido de la Justicia y el Desarrollo perdió la mayoría que gozaba a manos de los kurdos. Erdogan ansía retomar su hegemonía en los comicios próximos fijados para noviembre, pero todo está en veremos.

Por su parte, la Merkel tiene mucho más en juego en Alemania, donde el influjo de migrantes ha generado un malestar agravado por los amplios beneficios materiales que los nuevos allegados reciben.

Las dudas que rondan en los corrillos de la política conforman una apuesta diaria sobre los chances que doña Ángela tiene no solo para ganar en los próximos comicios sino, además, ganar y muy bien. ¿Apostaría usted amigo lector?

(*) Jaime Daremblum es abogado y politólogo. Es director de estudios latinoamericanos del Hudson Institute y tiene un Ph.D. de Tufts University, Flectcher School. Fue embajador de Costa Rica en Washington y analista del Fondo Monetario Internacional.