Por: Armando González R. 21 agosto, 2016

En la lucha entre Uber y los taxistas, un argumento frecuente es la inevitabilidad del cambio tecnológico. Es imposible colmar las aspiraciones de quienes exigen impedir el acceso a la aplicación digital. La represión de un fenómeno como Uber parece impracticable, sobre todo con importantes corrientes de opinión pública a su favor.

Pero el problema de los taxistas puede ser mucho mayor a la vuelta de unos años, tanto que se extenderá a los choferes de Uber y más allá, a todo trabajador dependiente del volante. Unos y otros sufrirán el impacto de la próxima ola tecnológica en el transporte. La nueva tecnología, dice el presidente ejecutivo de la gigante automotriz Ford, tendrá sobre la industria un impacto similar a la línea de ensamblaje ideada por el fundador de la empresa en 1913.

La innovación de Henry Ford redujo drásticamente el tiempo necesario para construir un vehículo, elevó la eficiencia de la mano de obra y disminuyó los costos. Así, la empresa se disparó hacia la cima y pobló, junto con sus competidoras, los caminos de todo el mundo con vehículos de motor asequibles para amplias capas de la población.

En un mundo dependiente de la tracción animal, con apenas un siglo de desarrollo del transporte a vapor, el carruaje sin caballos debe haber parecido un tanto fantástico. Además, era difícil imaginar la red de carreteras necesarias para hacer del engendro algo verdaderamente útil. ¿Y de dónde saldrían las estaciones de suministro de combustible?

Mark Fields, presidente de Ford, ofreció el martes una conferencia de prensa para ponerle fecha a una fantasía similar. Según el New York Times, el ejecutivo anunció la producción masiva de automóviles sin conductor para ofrecer servicio de taxi en el 2021. Ese sería el fin de los taxistas y, también, de Uber como lo conocemos. La empresa lo sabe y por eso ha invertido miles de millones en el desarrollo de la nueva tecnología. Lyft, su principal competidor, hizo lo mismo en alianza con General Motors.

Pero el cambio no dejará de afectar a la propia industria automovilística. Analistas citados por el diario neoyorquino estiman en un 40% la caída en las ventas de vehículos porque los consumidores preferirán emplear el nuevo servicio a enfrentar el costo de comprar y mantener un auto.

La acelerada marcha de la revolución tecnológica no se detendrá y todos nos veremos obligados a adaptarnos. Ese es el trasfondo de la discusión suscitada, en nuestro país y en muchos otros, por el advenimiento de Uber.