Por: Fernando Durán Ayanegui 12 julio, 2015

Antes de la convocatoria griega al referéndum leímos, de un eurodiputado francés, “les Allemandes ne paient pas ses dettes”, un texto que, por razones de espacio, no podemos traducir. Sin embargo, después de leer y oír algunas casandrerías a veces desinformantes y a ratos hasta racistas que algunos compatriotas, incluso académicos, le dedicaron a Grecia a raíz del rotundo no plebiscitario, nos arriesgaremos a resumir, como muestra, un corto y lapidario fragmento.

Opina el parlamentario que “la dificultad es que Alemania no paga jamás sus deudas”, por lo que “los alemanes son los más mal ubicados” para acusar a los griegos de no pagar las suyas, y recuerda que tan solo en el siglo XX Alemania protagonizó tres graves incumplimientos de pagos: el primero después de la Primera Guerra Mundial, el segundo en 1953 y el tercero en 1990, tras la reunificación.

En el primer caso, tras una serie de bancarrotas y renegociaciones, en 1923 se le concedió a Alemania una rebaja sustancial de las anualidades por pagar, y en 1930 se le amplió el plazo de pago a 59 años. Luego, al llegar al poder en 1933, los nazis cesaron de pagar la totalidad de la deuda y, par contre , invadieron y ocuparon a sus vecinos y procedieron a la rapiña de sus tesoros nacionales; eso sin mencionar el refuerzo financiero que significaron la mano de obra esclava que incluso sus aliados Hungría y Rumania tuvieron que proporcionar ni el despojo patrimonial al que sometieron a los judíos de casi toda Europa.

En 1953, la Conferencia de Londres anuló el 62% de la deuda germana en un acuerdo firmado entre Alemania y 22 estados acreedores, entre ellos Grecia, país al que el nazismo invadió salvajemente y obligó a sufragar los costos de la ocupación de… la misma Grecia; pillaje que en valor actual se calcula en unos 162.000 millones de euros, equivalente a la mitad de la presente deuda griega.

En el acuerdo de Londres, la parte de la deuda correspondiente a las reparaciones de guerra se pospuso hasta el día en que ocurriese la unificación de Alemania, pero cuando esta se produjo, el gobierno de Helmut Kohl se hizo el gato bravo.

Tal vez sea oportuno agregar que, dado el estilo de Ángela Dorotea Merkel, es posible que tengan razón quienes califican de pírrica la victoria griega del 5 de julio, pero ¿quién sabe si no fue más bien una nueva Maratón y lo que ocurre es que todavía no ha llegado a Berlín un mensajero con la noticia del fracaso de la blitzkrieg financiera?

(*) Fernando Durán es doctor en Química por la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la Universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector en 1981.