Por: Armando González R. 27 julio, 2014

La mitad de las familias sumidas en extrema pobreza carecen de ayuda estatal y el Instituto Mixto de Ayuda Social desconoce las verdaderas condiciones de vida del 75% de sus beneficiarios. Además, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) da cuenta de la mala adjudicación de buena parte de los recursos dedicados a combatir la pobreza, que llegan a manos de los estratos socioeconómicos medios.

Un estudio del Centro de Investigación y Capacitación en Administración Pública de la Universidad de Costa Rica acusa al Fondo Nacional de Becas de disfunciones burocráticas, a cuya cuenta el apoyo necesario para mantener a los alumnos pobres en las aulas no siempre llega a tiempo. Señala, también, el maltrato a los usuarios, en ocasiones reducidos a la condición de números o estadísticas.

Natalia Morales, investigadora del Estado de la Nación, está convencida de que los recursos para combatir la pobreza alcanzarían, si no estuvieran de por medio la descoordinación y la duplicación de funciones. Ronulfo Jiménez y Víctor Hugo Céspedes, de la Academia de Centroamérica, hicieron un inventario de los principales programas y encontraron 34, a cargo de 22 instituciones.

El Informe sobre el Estado de la Nación se une al señalamiento de la dispersión de las políticas universales y selectivas, la falta de bases de datos comunes, la duplicación de esfuerzos y la mala selección de los beneficiarios.

Costa Rica es uno de los países con más inversión social en América Latina y podría erradicar la pobreza extrema con un gasto de ¢73.000 millones, dice el PNUD. La pregunta es si el objetivo exige ese monto en erogaciones adicionales o si la inversión necesaria ya se está haciendo y solo falta darle mejor destino.

Es difícil responder a priori , pero, a tenor de todos los estudios, no cabe duda de que el ordenamiento de la ayuda social acercaría al país a la meta de erradicar la pobreza extrema, siempre pregonada como prioritaria en los discursos de campaña y de gobierno.

La aspiración de poner orden, establecer registros y mejorar la selección de los beneficiarios se viene posponiendo de Administración en Administración. Es hora de entrarle en serio, con aprovechamiento de las habilidades desarrolladas por el programa de Gobierno Digital y firme voluntad de desintegrar los feudos existentes a lo largo y ancho del aparato estatal.

En este caso, como en otros, el país no necesita más estudios, sino poner manos a la obra. Así lo ha dicho el presidente Solís: “Existen los diagnósticos, los proyectos y los recursos; lo que falta es capacidad y responsabilidad firme en su ejecución”. Encontrémoslas.