Por: Luis Mesalles 25 abril, 2015

La economía costarricense sigue de capa caída. El índice mensual de actividad económica de febrero creció apenas un 2,2%. Con este panorama, es difícil pensar que las más de 200.000 personas desempleadas consigan trabajo o que los casi 300.000 trabajadores subempleados mejoren sus condiciones laborales.

El Banco Central ha puesto su grano de arena para ayudar a la recuperación del crecimiento. Dado que la inflación está en un nivel bajo, el Central ha disminuido varias veces su tasa de política monetaria en este año. Sin embargo, hay otros aspectos que no están ayudando a la recuperación del crecimiento. Ya se sabe, y seguimos insistiendo, que hay que trabajar duro en los factores que pueden mejorar la competitividad del país: infraestructura, costo de energía, educación y tramitomanía.

Pero existen otros factores macroeconómicos que tampoco ayudan en estos momentos. Por ejemplo, la economía china se ha desacelerado y la mundial crece poco. Esto no ayuda a nuestro sector exportador.

La caída de los precios de las materias primas, especialmente del petróleo, implica dos impactos contradictorios para Costa Rica. Por un lado favorece, porque los precios de las materias primas que importamos han caído más de lo que han bajado los precios de nuestras exportaciones. Esto significa un ahorro de cerca de $1.000 millones al año, lo cual ayudará a impulsar la demanda interna. Pero ese ahorro en divisas significa, a la vez, una fuerte presión para que el tipo de cambio se aprecie. Justamente lo contrario para la mayoría de las monedas a escala mundial, que se han devaluado contra el dólar.

Si bien el Central ha estado comprando dólares a fin de evitar una mayor apreciación del colón, no es mucho más lo que puede hacer. El aumento de reservas implica un costo, usualmente por la vía de la inflación y las tasas de interés más altas.

En otros países, lo que usualmente se hace es que el Gobierno compensa los costos de estabilización en que incurre el Banco Central. Pero el nuestro tiene una situación fiscal muy complicada, que ha financiado parcialmente con deuda externa. Esto significa más divisas que entran al país y, por ende, más presión para que el colón se aprecie. O sea, en lugar de ayudar a mejorar la competitividad del país por la vía del tipo de cambio, el Gobierno está agravando el problema.

No hay otra: para recuperar el crecimiento económico, el Gobierno debe resolver su desbalance fiscal. Mientras lo hace, no se le debe autorizar una nueva emisión de deuda externa. Hacerlo sería complicar, todavía más, la recuperación económica.

Luis Mesalles obtuvo el doctorado y la maestría en Economía en The Ohio State University y el bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Es presidente de la Academia de Centroamérica, socio consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada. Fue vicepresidente de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica y profesor en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Stvdium Generale.