Por: Jaime Daremblum 10 febrero, 2016

Corea del Norte es un Estado que se autodenomina comunista. Posee una importante variedad de recursos minerales y agrícolas. Fabrica diversas clases de vehículos y también armamentos, su renglón ganador en exportaciones. Sin duda, el país tiene casi de todo, pero la inmensa mayoría de la población vive en la miseria.

Las hambrunas han sido frecuentes y las autoridades han debido recurrir a los donativos de algunos vecinos y de las grandes potencias para atender las demandas de la muchedumbre. Sin embargo, este cuadro gris y vergonzoso no inhibe a la élite gobernante vivir, comer y beber a su entero gusto.

El régimen tiene así algunas obligaciones permanentes que deben ser satisfechas a toda costa. Número uno es el superlujoso estilo de vida del jefe supremo y, en menor grado, de su corte cercana así como de ciertas figuras de la nomenclatura política y militar.

El contraste es dramático, sobre todo, cuando se observa al jefe supremo, Kim Jong-un, aún en sus tempranos 30 años, divertirse en Europa con su prometida, una beldad norcoreana. No menos exasperante ha sido su reiterada violación de mandatos de la ONU para frenar sus experimentos nucleares, sumados ahora a los intentos por desarrollar misiles de largo alcance, también vedados.

A este respecto, el domingo hubo una combinación de ensayo nuclear y la prueba del último modelo de proyectil cuya finalidad, dice el régimen, es desplegar en el espacio satélites de observación “meteorológica”.

Desde luego, las aventuras espaciales generan publicidad, pero ahora el máximo juguete de Kim es un vasto complejo hotelero en una zona montañosa para competir internacionalmente en el deporte de esquí. El lugar ya está casi listo para abrir sus puertas a los millonarios occidentales que, sin duda, preferirán jugar en el playground de Kim en vez de vacacionar en Saint Moritz.

Pero ¿de dónde saca Kim los fondos para estos proyectos? China ha sido la celestina de las carísimas aventuras norcoreanas, incluidas las importaciones de caviar, coñac, whisky, champaña y muchas otras delicias que demanda el paladar refinado del dictador norcoreano.

¿Qué dirán los países que mucho más necesitan de la generosidad china? Pekín argumenta que mayores sanciones contra Corea del Norte entorpecerían los intentos diplomáticos, fallidos hasta ahora. Claro, las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush fueron timadas en el pasado en sus tratos con Corea del Norte. Pero todo eso suele caer en el olvido. Entre tanto, Kim se ufana con sus cohetes.

Jaime Daremblum es abogado y politólogo. Es director de estudios latinoamericanos del Hudson Institute y tiene un Ph.D. de Tufts University, Flectcher School. Fue embajador de Costa Rica en Washington y analista del Fondo Monetario Internacional.