Por: Luis Mesalles 12 mayo

El manejo de la política monetaria nunca es fácil. Se dice que es más un arte que una ciencia. Son muchos los factores involucrados, por tanto los efectos de las decisiones tomadas pueden variar con el tiempo, obligando a hacer nuevos ajustes de política.

Veamos, por ejemplo, lo que sucede con la política actual del Banco Central de Costa Rica. Este observa que la inflación ha subido, y ahora se ubica muy cerca del límite inferior de su meta (2%); que la expectativa de inflación hacia adelante lleva más de un año de estar cerca del límite superior de la meta (4%); que la holgura en la brecha de producción se ha reducido; que la inflación internacional tiende a subir; que el tipo de cambio se ha devaluado cerca del 5% en el último año. Todo indica que la inflación seguirá subiendo.

Existen, además, señales de que las tasas de interés a escala nacional van para arriba: el déficit fiscal es muy alto y debe ser financiado, en su mayoría, con fondos internos; la demanda de crédito en colones ha crecido; la Fed ha subido su tasa de interés de referencia y se esperan nuevas subidas en el año.

Ante ese panorama, y con el fin de controlar la inflación, el Banco Central decide aumentar su tasa de política monetaria (TPM), dos veces en el mes de abril. Su intención es generar un aumento en las tasas de interés en el mercado nacional, y con ello fomentar un mayor ahorro. También quiere compensar la devaluación con tasas de interés en colones más altas, y así detener la tendencia hacia la dolarización de ahorros.

Ahora bien, el éxito del Banco Central en controlar la inflación no está garantizado. Por un lado, la reacción del mercado financiero no es ni inmediata, ni necesariamente en la magnitud que quiere el Central. La eficacia de la transmisión de la TPM al mercado es cuestionable. Por otro lado, el manejo que haga el mismo Banco de su política cambiaria puede condicionar su éxito. Al subir las tasas de interés, la necesidad de intervenir el mercado cambiario debería ser menor.

Si se reduce mucho esa intervención, la devaluación sería mayor –lo que algunos quieren–, pero produciría una nueva dolarización del ahorro nacional, y con esto la pérdida parcial del control de la inflación. Nada fácil saber qué sucederá. Únicamente sabemos que los técnicos/artistas del Central seguirán afinando su puntería.