Por: Fernando Durán Ayanegui 3 agosto, 2014

Cuando una pieza narrativa, anónima o de autor conocido, se populariza en un país o en una región, no tarda en difundirse por el mundo. Anna Ajmátova, estudiosa de la obra del gran poeta, demostró que un poema narrativo de Alexander Pushkin, El cuento del gallo de oro , era una recreación de La leyenda del astrólogo árabe , incluido por Washington Irving en los Cuentos de la Alhambra . De igual modo, observadas las semejanzas de algunos cuentos populares rusos con leyendas africanas, se estableció que aquellas historias fueron llevadas a Rusia por marineros de la flota mercante que desembarcaban en puertos de África en el siglo XIX.

En nuestra infancia leíamos, en el silabario Mi hogar y mi pueblo , una narración vernácula, anónima y en verso, que comenzaba más o menos así: “¿Quién mató al yigüirro?/ Yo, yo lo maté, con mi arco y mi flecha –dijo el soterré. / ¿Quién en su agonía lo miró sufrir?/ Yo –dijo la mosca–, yo lo vi morir./ ¿Quién cogió su sangre color de rubí?/ Yo –dijo el pescado–, yo la recogí./ ¿Quién cosió su herida?/ El águila fue, con su hilo y su aguja, su pico y su pie./ ¿Quién abrió la tumba, allá en el panteón?/ La niña lechuza con su azadón./ ¿Quién cantó la misa en el funeral?/ Padre zopilote, que canta tan mal”…, etc.

Alguien que escuchó hablar de ella nos hizo un comentario sobre la posible existencia de unas rimas infantiles inglesas, anónimas, publicadas en Londres en 1744 y en 1770, bajo el título de Who killed Cock Robin? (¿Quién mató al petirrojo? ). Las localizamos y la parte inicial del texto es la siguiente: “Who killed Cock Robin?”/ “I”, said the Sparrow,/ “With my bow and arrow, I killed Cock Robin.”/ “Who saw him die?” “I”,said the Fly,/ “With my little eye, I saw him die”./ “Who caught his blood?” “I”, said the Fish,/ “With my little dish, I caught his blood”…, etc. La traducción libre se leería como sigue: ¿Quién mató al Petirrojo?/ Yo, dijo el Gorrión/ con mi arco y mi flecha maté al Petirrojo./ ¿Quién lo vio morir? Yo, dijo la Mosca, con mi ojito lo vi morir./ ¿Quién recogió su sangre?/ Yo, dijo el Pez/ con mi platito recogí su sangre./ ¿Quién hará la mortaja?/ Yo, dijo el Escarabajo,/ con mi hilo y aguja haré la mortaja./ ¿Quién cavará su tumba?/ Yo, dijo el Búho,/ con mi azadita cavaré su tumba/ ¿Quién será el pastor?/ Yo, dijo el Cuervo,/ con mi librito seré el pastor”…, etc. Así es que lo que figuraba en nuestro silabario era ya una inteligente adaptación de aquellas nursery rhymes inglesas del siglo XVIII, con oportunos cambios en los nombres de algunas de las especies animales.

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