Por: Jaime Daremblum 2 noviembre, 2016

El sábado por la tarde se presentó en el Metropolitan Opera de Nueva York la obra Guillermo Tell, de Rossini, ausente de la augusta sala desde hacía 80 años. El público que asistía al teatro aprovechó el intermedio para salir a la plazoleta del frente, tomar aire y sentir un poco de sol.

Durante ese receso, una figura del público, sigilosamente, se acercó a la baranda que separa el foso de la orquesta de la luneta para esparcir sobre el fortín orquestal un polvo blanco contenido en un bolso. “Ántrax”, alguien gritó alarmado. De seguido, otro de los asistentes voceó que eran huesos triturados, a lo que un tercero agregó que seguro provenían de un mentor fallecido. A esas alturas, el reloj ya marcaba las 4:20 de la tarde.

La Policía llegó presta. Entre tanto, el comisario recomendó suspender la función. Uno de los forenses apoyó la decisión del comisario. Al mismo tiempo, alguien se percató de que el sospechoso se había esfumado. Al punto, el vocero del teatro anunció que se cancelaba la función y también la de la noche. Pronto surgió una voz rotunda que exigía el reembolso de los boletos.

Nótese que el barullo, en realidad, no era en torno a la célebre composición sino a la planta física del Met, como popularmente suelen llamar al teatro. Sin embargo, hurgando en los antecedentes de la obra, resulta que Tell carga un historial difícil. Los peros que se le señalan empiezan con la duración de la obra, en exceso de cuatro horas. Teatros y orquestas connotadas han recurrido al más simple de los remedios, que consiste en recortarla.

Aplicarle el bisturí a la célebre composición podría tener quizás el desafortunado desenlace de un Tell descabezado, o personajes carentes del poder vital para empuñar la espada del guerrero. Las cirugías, además, asustan a los posibles espadachines y, en general, a los combatientes del ejército.

De esa manera, hay versiones en diferentes tallas y la práctica ha conducido a producciones con variados diálogos y soliloquios al gusto del intérprete. Las más parecieran un desafío para proseguir en el camino de lo desconocido.

Por otra parte, no hay todavía noticias de que la Policía haya detenido al autor del episodio. Pocas veces los investigadores han obtenido tanta información, aunque nada luce concluyente. Las autoridades del Met anuncian la reapertura del teatro en pocos días, quizás esta semana. Lo más curioso es que con todos sus bemoles, hay un público ansioso de repetir la jornada. Son quizás quienes poseen el don de distinguir entre lo ordinario y lo sublime.