Por: Luis Mesalles 8 marzo, 2014

En una noticia que nos sorprendió a todos, Johnny Araya decidió dejar la campaña electoral. Cuando se dio cuenta de que iba a salir muy derrotado en la segunda ronda, y de que no tenía plata para revertir la situación, tiró la toalla. Es una decisión muy pragmática. Le ahorra al PLN una humillación y mucho dinero que podría haber comprometido el patrimonio del Partido y de la familia Araya. Pero la decisión deja un sinsabor en el campo político. Los que esperábamos una discusión más seria sobre las alternativas de política económica de cada candidato, nos quedamos con las ganas.

Todavía queda un mes para confirmar lo obvio: que Luis Guillermo Solís y el PAC serán gobierno. Y, después, un mes más para que empiecen a gobernar. En este tiempo se deberán definir muchas preguntas que aún quedan en el aire. Solís deberá definir algunos aspectos que no están claros sobre su política económica. Se ha dedicado, en el mes que llevamos desde las elecciones, a visitar a diversos representantes de sectores productivos. En esas reuniones ha escuchado las inquietudes de los productores. En muchas ocasiones ha dicho estar de acuerdo con lo que proponen algunos sectores, y, en otras, que las propuestas ameritan análisis. En algunas pocas ha manifestado estar en contra de lo que proponen, como en el caso de energía.

Ahora hay que aterrizar todo ese buen manejo de relaciones públicas en acciones concretas. En ese ejercicio podrían surgir algunas contradicciones, en las que Solís deberá decir que no a algunos sectores. Por ejemplo, en el tema de tipo de cambio, el PAC ha dicho que quiere una menor volatilidad. Para ello, bajaría el techo de las bandas, para limitar la devaluación. Pero también dice que el nivel del tipo de cambio debería obedecer a los fundamentales económicos, y a que su evolución contribuya a fomentar las diferentes actividades económicas, la inversión y el empleo. La pregunta es cómo definirá el gobierno del PAC cuál es ese nivel óptimo del tipo de cambio. Si ese nivel resulta estar muy alejado del actual, pero el Gobierno no quiere que haya mucha volatilidad, podría ser que se tome mucho tiempo en llegar a ese nivel óptimo. Si eso implica comprar más dólares para que la devaluación sea más rápida, y eso se traduce en más inflación, ¿qué haría? Si, más bien, el tipo de cambio sube muy rápido, como en la actualidad, ¿cómo haría para detener esa tendencia? ¿Vendería grandes cantidades de dólares? Si eso provoca menos liquidez en colones, ¿como lo corregiría?

En el tema de impuestos nuevos a las zonas francas, Solís ha dicho que quieren revisarlos. Que los incentivos a nuevas inversiones deberían estar ligados a mayores encadenamientos locales y a nuevas inversiones en las zonas de menor desarrollo. Sin embargo, lo primero no es posible, según reglas de la OMC, y lo segundo ya está en la ley de zonas francas. Ahora que se da cuenta de eso, Solís dice que va a revisar esos impuestos.