Por: Luis Mesalles 2 mayo, 2015

Los intermediarios son un eslabón importante de la cadena productiva. Su tarea consiste en llevar un bien o servicio al lugar y momento en que se requiera para la siguiente etapa de producción. En el marco de la tendencia mundial hacia la especialización, las empresas recurren cada día más a la tercerización y la deslocalización (offshoring).

Esto es, a producir en el lugar más adecuado, en procura de eficiencia y reducción de costos. De ahí que los intermediarios hayan tomado aún más importancia.

Sin embargo, muchas veces el aporte del intermediario no es apreciado. Algunos consideran que la relación entre lo que cobran y el servicio que brindan no es adecuada. Ese tipo de pensamiento, contrario a la tendencia mundial, lleva a que en lugar de ir hacia la especialización, algunos quieran hacer todo “in house”. Todo para adentro, nada para afuera.

Esa parece ser la tónica de gestión en la presente administración: querer que el gobierno lo haga todo. El reciente fiasco del FIA es un ejemplo. El Ministerio de Cultura quiso eliminar la intermediación de los productores artísticos y encargarse él mismo de esa tarea. En lugar de dejar que los expertos se encargaran de lo que saben hacer mejor, el gobierno quiso llenar un espacio que no conoce bien. El FIAsco está a la vista de todos.

Puede ser que la decisión se haya tomado por una percepción de que lo cobrado por los empresarios productores es mucho comparado con el valor aportado. Dado el resultado, parece que algún valor importante aportaban los productores, que el Ministerio no pudo igualar. En todo caso, la solución no necesariamente era que el gobierno hiciera directamente la producción. Podría haber buscado mecanismos que generaran más competencia, y por ende más eficiencia y reducción de costos.

Pero también hay un tema ideológico. Muchos de los funcionarios de la administración Solís piensan que la búsqueda de ganancias por parte de los empresarios es algo malo. Por eso prefieren que el Estado se meta en más cosas, aunque algunas de ellas no las haga bien y salgan costando más caro.

Dado que los recursos disponibles en la economía siempre son escasos, su buena gestión es fundamental. Por eso se deben eliminar los sesgos ideológicos a la hora de administrar los recursos públicos. Habrá ocasiones en que el Estado pueda administrarlos directamente, pero habrá otras en que la especialización, la experiencia y el saber están en manos de empresarios.

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