Por: Luis Mesalles 12 octubre, 2013

Al elegir al nuevo presidente, escogemos a la persona que liderará el Gobierno de nuestro país durante los próximos cuatro años. Por ello, deberíamos analizar muy bien si los candidatos cumplen con las características básicas de un buen líder. Se dice que este debe ser visionario, persistente, convincente, negociador, con capacidad de mando, honesto y coherente.

El líder debe tener una visión de largo plazo. No se conforma con ver los problemas coyunturales, sino que anticipa los problemas antes de que sucedan y plantea de una vez las posibles soluciones. Para ello, se fija objetivos muy claros y lucha con ahínco, de manera persistente, sin nunca rendirse, hasta ver los problemas resueltos.

Para llevar a cabo sus ideas, el líder debe ser convincente. Debe ser capaz de persuadir a los demás de que sus argumentos son válidos, y así conseguir que todos lo sigan. Pero también debe reconocer que no siempre puede lograr una aprobación inmediata a todas sus ideas, por lo que debe tener una gran habilidad negociadora. El líder se caracteriza porque siempre avanza hacia sus objetivos de largo plazo, aunque en el camino pueda tener pequeños desvíos.

Habrá ocasiones en que deberá utilizar su autoridad. Si los seguidores sienten que el líder es blando o vacilante en sus decisiones, le perderán el respeto. El líder debe tener capacidad de mando. Debe ser firme y honesto. Los valores éticos son fundamentales para mantener el liderazgo a través del tiempo. Si los subalternos sienten que el cabecilla está únicamente buscando su propio bien, le perderán confianza y lo abandonarán. En ese sentido, el líder debe ser coherente y predicar con el ejemplo.

Visto lo acontecido con el doctor Hernández, del PUSC, en esta semana, queda claro que él no cumplía con las características de liderazgo mencionadas. Carecía de visión o, al menos, nunca nos la dio a conocer. Fue esquivo constantemente a contestar preguntas claves sobre cómo solucionar los problemas de largo plazo del país. No fue persistente en la búsqueda de sus objetivos. A la primera dificultad, abandonó el camino (dos veces). El doctor fue incapaz de convencer o negociar con sus propios partidarios del PUSC para que jalaran todos parejo hacia el objetivo común. Cuando quiso golpear la mesa y usar su fuerza de mando, no le hicieron caso.

Finalmente, tampoco fue coherente. Lanzó acusaciones severas contra sus partidarios, pero, a la hora de la verdad, no quiso dar nombres. Tiró la piedra y escondió la mano. Eso le hizo perder la poca credibilidad que le quedaba.

Definitivamente, el doctor Hernández no cumple con las características del líder que buscamos para el presidente de nuestro país. Mejor, que haya renunciado ahora y no cuando podría haber sido demasiado tarde. ¿Cumplen los demás candidatos con las características básicas del líder que buscamos?