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Pellizcos al tiempo

Actualizado el 10 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Pellizcos al tiempo

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Somos el país del “Pura vida”. Todo lo hacemos con calma, pensando que nada perdemos llevando un paso tranquilo. Esa es una de las razones por las que nos consideran el país más feliz del mundo. Don´t worry, be happy : me despreocupo, soy feliz.

Sin embargo, si empezáramos a medir un poco mejor las consecuencias de esa despreocupación por el tiempo, nos daríamos cuenta de que estamos perdiendo oportunidades muy valiosas, que nos podrían traer aún mayor felicidad. El tiempo es oro, por lo que el tiempo perdido tiene su costo.

Un caso que ilustra lo anterior es lo que ha sucedido con el puerto de Caldera. Desde inicios de los noventa, el Gobierno decide que el país requiere un nuevo muelle granelero. En el 2001 se determina hacerlo mediante la figura de concesión. Cinco años más tarde, se firma el contrario con el nuevo concesionario, con el compromiso de que construya el muelle granelero de inmediato.

Pero, ¡oh sorpresa!, la ANEP, sindicato defensor de los trabajadores, interpone un recurso ante la Sala IV. Esta interrumpe inmediatamente la construcción del muelle y se toma un año en responder que el recurso de la ANEP no tiene ni pies ni cabeza. De ahí, son tres años más para que el Incop, la concesionaria y los usuarios se pongan de acuerdo en cómo debe ser el nuevo muelle. Cuando finalmente se aclara el camino, la concesionaria se dedica a construir el muelle granelero, en lo cual tarda 21 meses.

Pero otra sorpresa: el Incop no está listo para recibir el nuevo muelle. A pesar de que sabían que la construcción finalizaría en noviembre pasado, los funcionarios del Incop no fueron suficientemente diligentes como para tener listos todos los requisitos necesarios para poner en marcha el muelle, apenas este estuviera listo.

Probablemente deben estar pensando que, si el país ha esperado más de 20 años para ejecutar la idea de un nuevo muelle, ¿qué son unos meses más?, pues a pellizcos se mata un burro. Y, con esos pequeños pellizcos al tiempo, estamos matando a este país, que se ha vuelto caro para producir y vivir. Somos poco competitivos, y se hace cada vez más difícil crear trabajos bien remunerados. Al pagar caro por productos que podrían ser más baratos, si existiera un poco más de conciencia del tiempo que se pierde, la felicidad de los costarricenses disminuye. No estoy abogando por que ahora vivamos extremadamente estresados por el tiempo. Pero no caería mal un poco de conciencia sobre lo que implica no hacer las cosas en su debido tiempo.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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