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Actualizado el 22 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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El Estado de la Nación, entre muchos diagnósticos que presenta, incluye uno que ha estado en boca de muchos: Costa Rica es un país caro. Las cifras presentadas son claras. Aunque falta un análisis más profundo sobre las causas, el estudio arroja algunos indicios.

Empieza diciéndonos que una hamburguesa Big Mac cuesta igual en Costa Rica que en Europa. Al tomar en cuenta el poder adquisitivo de ambos, es obvio que los ticos debemos hacer un esfuerzo mucho mayor que los europeos para comprar la misma hamburguesa.

Con base en cifras del Banco Mundial, el estudio encuentra que Costa Rica es 20% más caro que el promedio de Latinoamérica. En alimentos, los precios son 22% más altos. En servicios, los precios son entre 30% y 60% más altos. Es decir, los productos que tienen competencia internacional (los llamados “transables”) no suben tanto de precio como los no transables.

Por otro lado, servicios públicos como el agua, teléfono y electricidad para los hogares tienen precios inferiores al promedio latinoamericano. Ese último dato es curioso, ya que, cuando a los empresarios se les pregunta por qué consideran que Costa Rica es un país caro para producir, el costo de la electricidad usualmente surge como una de las respuestas más frecuentes. Esto se debe a que la mayoría de los países de la región prefieren mantener tarifas de electricidad competitivas para el sector productivo, aunque eso implique un costo un poco más alto para los hogares. En Costa Rica se hace al revés.

Otro aspecto que menciona el estudio es que, si bien nuestra inflación no ha sido tan alta en periodos recientes, tenemos una historial de alzas en precios mayores que los otros países de la región. Del 2006 al 2013, la inflación acumulada de Costa Rica fue de 62%. Para países como México, Colombia y Panamá, por ejemplo, esa cifra no llega a 30%. Es decir, en los últimos siete años, el costo de vida y los costos de producir en Costa Rica han subido cerca de un 30% más que en países que son competencia nuestra.

De los aspectos mencionados ya se pueden sacar algunas conclusiones. La apertura ha ayudado a que los precios de los transables no crezcan tanto. Ahora hay que fomentar una mayor competencia interna por los servicios (los no transables). También hay que revisar los esquemas de determinación de algunos precios de servicios públicos, para no encarecer más la producción.

Finalmente, para no hacer más grande la diferencia del costo de vida y de producción respecto a otros países, es importantísimo mantener baja la inflación.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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