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Actualizado el 08 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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La Encuesta de Hogares, que se hace cada año en el país, da indicios interesantes de las características económicas de la población. En particular, la caracterización que se obtiene de las familias que están en condición de pobreza es muy relevante. De ella se adquieren lecciones importantes para la política económica.

Según la encuesta del 2014, en el país hay 318.810 familias pobres: más de un millón de costarricenses sin un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas. En buena parte, eso se debe a que el desempleo es mayor entre los pobres. Apenas uno de cada tres de ellos tiene trabajo. De los que trabajan, la mayoría lo hace en la informalidad, sin acceso a la seguridad social ni al salario mínimo. De ahí que, para las familias pobres, el salario representa menos de la mitad de sus ingresos. Lo que devengan “camaroneando”, los subsidios y las pensiones son fuentes de ingreso importantes para los pobres.

Tras de que es bajo, el ingreso de las familias pobres se tiene que repartir entre más miembros. Los pobres tienen más hijos, y con un futuro menos prometedor. Un alto porcentaje de esos niños tiene rezago escolar, y, cuando llegan a adolescentes, muchos abandonan la educación regular.

Las condiciones de vivienda de las familias pobres son precarias. Dos terceras partes de dichas viviendas están en estado regular o malo, y uno de cada catorce hogares pobres sufre de hacinamiento. Además, dos terceras partes de ellos no tienen acceso a Internet.

La caracterización anterior tiene serias implicaciones para la política económica. El crecimiento económico es importante. Se necesita más crecimiento que el del último año para poder generar más oportunidades de empleo.

La política de aumentos al salario mínimo no es tan efectiva para ayudar a los pobres a salir de esa condición. Una buena política de empleo ayuda mucho más.

La educación de calidad es vital para que los jóvenes de familias pobres tengan mejores posibilidades de superar su condición en el futuro. Especial atención merece la deserción de jóvenes en secundaria.

Promover la formalidad (con leyes laborales más flexibles, y con menos trámites) podría ayudar a que los pobres tengan mayor acceso a la seguridad social y la protección de leyes laborales.

La ayuda social, bien focalizada, sin que se pierda en la burocracia o en favores políticos, puede ser una herramienta efectiva para compensar los problemas de los pobres para generar ingresos.

Programas de vivienda (ya sea nueva, ampliación, remodelación o mejoramiento) podrían ayudar a que los pobres tengan mejores condiciones de vida.

El acceso a Internet es muy importante, ya que es un igualador de oportunidades para todas las familias.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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