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Actualizado el 27 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Mucho se ha hablado en estos días del déficit fiscal. Para poner el problema en perspectiva, se estima que para el 2015 el Gobierno gastará casi ¢1,8 billones más de lo que le ingresa en impuestos. Eso representa un déficit de 6,7% del PIB, que sería el nivel más alto desde la crisis de la época de Carazo, y el séptimo año consecutivo en que el déficit superaría el 3% del PIB.

El Gobierno ha venido trabajando en presentar propuestas para aumentar la recaudación de impuestos y, así, reducir el déficit. Una parte ha sido por la vía de medidas para reducir la evasión y elusión del pago de impuestos, lo cual es muy necesario. En este país, la cultura de los informales y del vivillo, que no pagan lo que se debe, está muy arraigada. El Gobierno también ha mencionado que presentará proyectos para reformar los impuestos de ventas y de renta. Eso también es necesario, ya que el esquema tributario costarricense es enredado y está lleno de parches.

Según el plan del Gobierno, con esas modificaciones se podría recaudar el equivalente al 3% del PIB (¢800.000 millones por año). Eso está difícil de lograr. Ninguna reforma tributaria de los últimos 30 años ha logrado recaudar más del 1% del PIB. Además, eso es plata que dejaría de estar en los bolsillos de los costarricenses para entrar a las arcas del Gobierno.

De ahí surge la interrogante de cuán bien será utilizado ese dinero por parte del Gobierno. Ya sabemos que hay muchas ineficiencias y malos usos en el Gobierno. El presidente lo ha dicho, y Ottón Solís le ha pasado la tijera a una gran cantidad de gastos excesivos del presupuesto. Sin embargo, si se eliminaran del presupuesto todas las compras de bienes y servicios (alquileres, servicios de seguridad, limpieza e informática), eso sería como ¢200.000 millones. Para recortar los ¢300.000 millones que pretende don Ottón, habría que eliminar o reducir programas, despedir personal u otorgar aumentos salariales menores a lo que se ha venido haciendo (que es el doble de la inflación). Pero de eso se habla poco o nada.

Es claro que la solución del déficit no será fácil. Si se hace por la vía de más impuestos, la mayoría dirá que está de acuerdo, pero que les cobren a los demás. Si se hace por la vía de bajar gastos, la mayoría estará de acuerdo, excepto cuando le toquen su presupuesto. Ahí, todos dirán que no les sobra nada y que los recortes se hagan por otro lado.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Lo que queda es crear las condiciones para que la economía crezca más y se generen más empleos. Eso pasa, entre otros aspectos, por un uso mucho mejor de los recursos por parte del Gobierno. Solo así habría más cacao para hacer chocolate.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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