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Actualizado el 30 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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En su informe de los 100 días de labor, don Luis Guillermo nos pinta un panorama tétrico de la situación general del funcionamiento del Estado costarricense. Nos hace ver que la situación es peor de lo que todos pensábamos: “… el problema de la corrupción y de la ineficiencia en las entidades del Estado puede ser mayor de lo que hasta ahora imaginaron los más pesimistas”.

Ante ese panorama, lo lógico es que se tomen acciones correctivas de inmediato. El mismo presidente dice: “La irresponsabilidad, la sinvergüenzada y las chambonadas en el Estado no pueden seguir siendo disimuladas, ni toleradas...”. La sensación de la ciudadanía es que el Estado le quita en impuestos mucho más de lo que regresa en servicios públicos de calidad. Si a esto le sumamos el alto grado de evasión y elusión, la gente no quiere saber de más impuestos hasta que se ordene la casa, tal y como el presidente prometió en campaña. ¿Para qué meterle más agua a un barril sin fondo?

Ahí, el asunto es cómo va a hacer don Luis Guillermo para ordenar la casa. El discurso apunta mucho hacia la administración responsable, decente y transparente de los jerarcas nombrados. El pensamiento es que el problema estaba en las cabezas de las instituciones. Pero es ingenuo pensar que con solo cambiar al jerarca, el resto de los funcionarios de la institución se van a comportar como angelitos eficientes.

El aparato estatal costarricense está enmarañado. Las irresponsabilidades, sinvergüenzadas y chambonadas suceden a todo nivel. Las múltiples instituciones de control que ya se tienen, y que en muchos casos hacen difícil que el Estado se mueva ágilmente, tampoco han podido hacer lo suficiente para detener los abusos. Por eso, con solo cambiar la cabeza, cuando el resto del cuerpo no está bien, no se van a resolver los problemas de fondo.

Viendo la tétrica condición del Estado costarricense es muy difícil lograr lo que pretende don Luis Guillermo de crear más riqueza por medio de más crecimiento económico. Una parte de los problemas de competitividad del país se deben a la ineficiencia estatal. Por eso, para lograr ese objetivo se requieren cambios profundos que hagan al Estado más ágil, con menos grasa. Para ello habrá que reformar muchas instituciones desde adentro. A algunas habrá que darles más dinero, pero habrá que cerrar otras. En algunas sobrará gente, mientras que en otras puede ser que falte. Además, habrá que discutir cambios en el esquema de empleo público, en el cual, hoy en día, no existe relación entre el salario y la calidad del trabajo realizado.

Cuáles serán esos cambios profundos en el aparato estatal es algo que don Luis Guillermo nos quedó debiendo, en su visión de lo que hará en los próximos 1.350 días de gobierno.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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