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Letras de cambio

Actualizado el 12 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Esta semana recibimos dos duros golpes: los anuncios de las salidas de la planta de manufactura de Intel y de la oficina de servicios de Bank of America. Ambas decisiones se justifican por motivos de estrategia global. Intel sale por razones logísticas y de cambio de tecnología. Bank of America lo hace por los incentivos que recibe del Gobierno de su país por devolver los empleos que se había llevado.

Como consecuencia, se pierden 3.000 empleos en el país. Son muchas familias cuyo ingreso se verá drásticamente reducido. Es muy probable que estos trabajadores encuentren pronto un nuevo empleo. En su mayoría, son profesionales con el valor añadido de haber trabajado en multinacionales que los han capacitado y enseñado una cultura de trabajo de avanzada. Sin embargo, ante la reducción en la demanda de trabajo, es probable que los salarios a nivel profesional no crezcan tan rápido como antes o, incluso, bajen.

A esto hay que sumarle la pérdida de ingresos que experimentarán la CCSS y otras entidades públicas por las cargas sociales sobre los salarios de los trabajadores despedidos. Se estima esa pérdida en unos ¢15.000 millones. Además, las municipalidades donde se ubican estas empresas dejarán de percibir los impuestos a bienes inmuebles y otros. Muchas pequeñas empresas que le venden servicios a Intel y Bank of America también verán sus ingresos reducidos. Con estas noticias, de repente nos damos cuenta de que las empresas de zona franca, aunque no pagan impuesto de renta, aportan muchas otros beneficios a la economía del país.

Debemos analizar muy bien lo que hemos estado haciendo, y lo que tenemos que hacer, para ganar mayor competitividad como país. Estamos inmersos en un mundo muy competido, donde es normal que las empresas tomen decisiones de “estrategia global”. Por eso, no podemos seguir dependiendo de dar cada vez más incentivos, o de abaratar nuestra mano de obra, para que las empresas extranjeras vengan o no se vayan. Esa no es la mejor forma de lograr desarrollo.

Debemos crear las condiciones para que más empresas, extranjeras y nacionales, inviertan en el país por sí mismas. Debemos promover mayores encadenamientos de empresas nacionales con extranjeras. Debemos promover más el emprendimiento y la innovación local para que haya cada vez más compañías ticas que produzcan y exporten.

Costa Rica no ha avanzado al ritmo que todos quisiéramos en temas de competitividad. Uccaep presentó esta semana su decálogo al presidente electo, Luis Guillermo Solís. Se trata de los diez mandatos que el sector productivo considera prioritarios para lograr un mayor y mejor desarrollo. Lo triste es que, de las múltiples propuestas que contiene este decálogo, una gran mayoría repite las presentadas hace cuatro y ocho años a Laura Chinchilla y Óscar Arias, respectivamente.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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