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Actualizado el 05 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Mañana vamos de nuevo a las urnas para, finalmente, saber quién será nuestro presidente por los próximos cuatro años, y uno de los retos más importantes que enfrentará será el de recuperar la confianza de la gente en el Estado costarricense. Y, probablemente, donde existe más desconfianza es en lo poco que ha hecho el Estado, a criterio de algunos, para lograr una mejor repartición del crecimiento económico.

La segunda parte del informe que mencioné la semana pasada, elaborado por el PNUD, da algunas luces sobre cuál ha sido el impacto distributivo real de la acción del Estado costarricense. Con base en un estudio de Pablo Sauma y Juan Diego Trejos, el informe descompone el impacto que han tenido el gasto social y la estructura de impuestos sobre la distribución del ingreso durante el periodo 2000-2010.

Dicho estudio concluye que el gasto social ha disminuido significativamente la desigualdad de los ingresos. Las transferencias directas, como las becas del programa Avancemos y las ayudas del IMAS, han reducido la desigualdad en casi un 4%. Las transferencias en especie, por su parte, han tenido un impacto mucho mayor. Han reducido la desigualdad en un 23%. Esto es reflejo del gran peso que el país le ha puesto al gasto público en educación y salud, que representan, en conjunto, un 14% del PIB. Uno de los niveles más altos de América Latina.

El informe del PNUD indica que la carga tributaria se encuentra en un nivel muy cercano al promedio de la región, cerca del 22% del PIB. Sin embargo, su composición está sesgada hacia una mayor proporción de impuestos indirectos, como el de ventas. Pese a la regresividad usualmente atribuida a los impuestos indirectos, el estudio de Sauma y Trejos concluye que estos tienden a ser neutrales en el caso de Costa Rica. Es decir, afectan a las personas de todo nivel de ingreso en una proporción parecida. Por su parte, los impuestos directos, como el de renta, tienen un impacto progresivo, aunque pequeño. Al final de cuentas, el sistema tributario costarricense termina siendo levemente progresivo, mejorando apenas un poco la distribución del ingreso.

En conclusión, a pesar de la desconfianza de mucha gente en las acciones del Estado costarricense, este sí ha tenido un impacto favorable sobre la reducción de la desigualdad de los ingresos, sobre todo por la vía del gasto social. Eso significa que, si se quiere disminuir la desigualdad, algo se podría lograr aumentando la progresividad del sistema tributario. Pero el impacto más grande se podría dar mediante una mayor eficiencia del gasto social, a través de mejoras en la calidad de la educación y de los servicios de salud, por ejemplo. Eso podría mejorar mucho las oportunidades para los pobres. Es decir, se logra más enseñando a pescar mejor, que dando los pescados.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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