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Actualizado el 04 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Al sonar las 12 campanadas de la medianoche del 31, empieza el intercambio de abrazos y de deseos de un feliz año nuevo. La esperanza de un buen año también se extiende a la economía. Para que el 2014 sea bueno para Costa Rica, en términos económicos, existen tres grandes retos: la recuperación del crecimiento de la producción, el manejo del tipo de cambio y dar solución a la situación fiscal.

La aparente recuperación de la economía mundial debería ayudar a lidiar con el desafío de la recuperación de la producción nacional. Pero es más importante aún el trabajar, con mayor ahínco, en los factores estructurales de los que hace tanto tiempo venimos hablando. Se trata de mejorar la infraestructura y la educación, y de disminuir la tramitomanía. Se trata de crear un ambiente que promueva más el emprendedurismo, para que los costarricenses podamos ejercer mejor nuestro carácter inventivo y emprendedor, y así desarrollar nuestros talentos al máximo. A través de todos esos factores se puede volver a la senda del crecimiento, de crear más empleos de calidad y de sacar a mucha gente de su situación de pobreza.

Pero, para que el emprendedor nacional pueda desarrollarse a plenitud, también se necesita un ambiente macroeconómico de estabilidad. En ese sentido, el 2014 nos augura dos posibles tormentas. Por un lado, el tipo de cambio podría empezar a moverse más en este año. El desafío para el Banco Central consiste en ver cómo minimiza el efecto que podría tener una devaluación sobre la inflación local. Si los costos de producción aumentan más que la devaluación, tanto productores como consumidores se verían perjudicados.

Por otro lado, la situación fiscal dificulta aún más la reactivación. Las tasas de interés podrían ser presionadas al alza por la necesidad del Gobierno de financiar el elevado déficit. El reto consiste en cómo balancear las finanzas públicas sin afectar significativamente la producción. Se trata de buscar una solución que sea de largo plazo, por la vía de mejora en la calidad y eficiencia del gasto, disminución del crecimiento automático de muchas partidas, y una mejora en la estructura tributaria que permita disminuir los privilegios y la evasión de impuestos.

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Los retos para el 2014 son, precisamente, retadores. No son fáciles de lograr, sobre todo tomando en cuenta que el resultado de las elecciones en febrero y el cambio de gobierno en mayo podrían tener un impacto significativo sobre las expectativas de la gente, y, por lo tanto, sobre la economía. Ahora bien, tampoco se pretende que los problemas apuntados, que son de larga data, se solucionen en un solo año. La esperanza es que en el 2014, al menos, las decisiones de política económica vayan en la senda correcta.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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