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Actualizado el 23 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Acaban de salir los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del 2013, sin grandes sorpresas. Aparte de que la Encuesta refleja una foto vieja, tomada en julio pasado, los resultados principales están dentro de lo que se esperaba. La pobreza aumenta un poco y el desempleo crece fuertemente.

Lo valioso de la Encuesta es la cantidad de información que contiene. Esta permite analizar con mayor profundidad las características económicas y sociales de la población. Con ello se pueden generar propuestas de solución a los problemas.

De la Encuesta del 2013 se desprende que en el país hay poco más de 285.000 hogares pobres. A una quinta parte de las familias no les alcanza su ingreso para cubrir las necesidades básicas (alimentarias y no alimentarias). Peor aún: hay más de 88.000 familias a las que su ingreso no les alcanza ni para comer lo básico. Esa ha sido la misma tónica de los últimos 20 años, sin grandes cambios.

La Encuesta da algunas luces de por qué los pobres caen en esa condición. Resulta que el principal ingreso de las familias proviene del trabajo (81%). Pero, mientras en un hogar de altos ingresos trabajan dos personas, en uno pobre el promedio es menos de una. Además, como las familias pobres son más numerosas, cada trabajador tiene que mantener a 2,2 dependientes. En comparación, en los hogares no pobres, un trabajador mantiene menos de un dependiente.

Encima, durante el 2013 el número de desempleados aumentó en 17.000 personas, llegando a 8,3% de la fuerza laboral. Esos empleos perdidos se concentraron en los más pobres. Mientras que en las familias más ricas el desempleo es de apenas 2%, en las pobres es del 24%. No es de extrañar, por lo tanto, que la desigualdad de ingresos en el país vaya en aumento.

El problema es que los pobres tienen en promedio tres años menos de escolaridad que el resto de la población. Eso les dificulta conseguir trabajo, sobre todo en una economía que ha sido muy dinámica en sectores modernos, que requieren habilidades que van de la mano con la educación.

Por otro lado, la Encuesta nos indica que la pobreza no fue mayor porque los salarios aumentaron más que la inflación durante el 2013, y porque las transferencias sociales también crecieron. Incluso, según el INEC, sin esas transferencias (pensiones, becas, subsidios) habría unas 32.000 familias pobres adicionales.

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En conclusión, el problema de la pobreza es multifactorial, por lo que su solución es compleja. Que la economía crezca y haya creación de empleos es fundamental. Pero esto debe ir acompañado de baja inflación para que los salarios no se deterioren, de programas sociales efectivos para ayudar a los excluidos, y de un refuerzo a la educación para que los pobres puedan insertarse en el mercado laboral moderno.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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