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Actualizado el 10 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Toda acción del Estado tiene un efecto redistributivo. Esto se deriva del simple hecho de recaudar impuestos de un grupo de personas y gastarlos en una serie de actividades que benefician a otras personas. El resultado neto de esa redistribución depende, por lo tanto, de cómo se recauden los impuestos y de cómo se gaste el dinero recaudado.

El ejemplo típico es el de la construcción de una carretera. Para hacerla, hay varias formas de financiamiento. Sea por medio de los impuestos que ha recaudado el Gobierno, por medio de un empréstito (a ser pagado con impuestos que se recauden en el futuro) o cobrando peaje a los que pasan por la carretera. Excepto en el caso del peaje, los que pagan por la obra no son los mismos que la van a usar. Ahí empieza el efecto redistributivo.

Luego, la decisión de por dónde pasa la carretera tiene un impacto importante. Los beneficios que puede aportar una carretera a una comunidad, en términos de ahorro de tiempo y combustible, usualmente son importantes. De ahí que habrá comunidades que se beneficiarán más que otras, dependiendo de por dónde pase la carretera. La muestra está en la discusión que existe actualmente sobre la carretera que el Gobierno planea hacer para conectar la nueva autopista a San Carlos con la Ruta 1. Naranjo y San Ramón están pujando para que la carretera pase lo más cerca posible de sus comunidades.

Pero siempre hay efectos secundarios que se deben tomar en cuenta. Estos se dan conforme las personas cambian su comportamiento por la acción del Estado. Como ejemplo, pienso en lo que pasa con el Depósito Libre de Golfito. Debido a los altos impuestos que se pagan en el país por importar ciertos productos, y como en Golfito todo está libre de impuestos, la diferencia de precios hace que la gente se movilice hasta allá para comprar. Como resultado, se da una redistribución importante de ingreso a favor de la gente que vive en Golfito y de los que vamos allá a comprar. Pero también se da un mayor gasto de combustible: en llevar toda la mercadería desde el puerto por donde ingresa hasta Golfito, y en lo que gasta la gente para ir de compras hasta Golfito. No solo parece ser un uso ineficiente de los recursos, sino que, además, es poco amigable con el ambiente.

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Uno podría discutir si la redistribución que se busca con la acción del Estado es justa o necesaria. Eso es una decisión política y, por lo tanto, sujeta a las presiones de grupos. Pero, si la decisión de hacer la redistribución ya está tomada, entonces hay que discutir la forma de hacerla, buscando la manera más eficiente y menos distorsionante posible. ¡Cuidado!, que a veces sale más caro el caldo que los huevos.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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