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Actualizado el 13 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Hay gente que solo piensa en su propia comodidad, sin importarle que los demás sean incomodados. Un ejemplo de eso es la basura. Nadie la quiere. Pero hay gente que ni siquiera se toma la molestia de disponerla en una forma adecuada. La mayoría busca la salida más fácil para deshacerse de lo que ya no quiere.

Está aquel que abre un paquete o se toma un refresco y bota el envase a la calle. También está lo que hacemos con la basura de la casa. Lo más fácil para todos es meterla en una bolsa y sacarla a la calle el día que pasa el camión de la basura. Que la municipalidad se preocupe de llevarla a un relleno sanitario, donde tardará miles de años en descomponerse.

Pero hay otro caso que me tiene indignado en estos días: se trata de la basura que la gente bota en la calle a propósito. Esa que llaman “basura no convencional”, que incluye escombros y cualquier tiliche que le sobra a alguien en su casa. Como esto no se lo lleva el camión de la basura, hay gente que encuentra muy fácil pagarle un poco de plata a alguien para que la bote en cualquier lugar.

Cerca de mi oficina, frente a un lote baldío, se ha empezado a acumular ese tipo de basura “no convencional” en la calle. El lugar se ha convertido en un foco de contaminación y de enfermedades. La municipalidad actúa responsablemente y envía periódicamente un Back Hoe y vagonetas para recoger lo acumulado. Sin embargo, al día siguiente, el lugar se vuelve a llenar de basura.

La situación es frustrante. Si uno llama a la Policía, dicen que no pueden hacer nada porque el delito es por un monto muy bajo. La municipalidad no le puede poner una multa al que llega a botar la basura, porque es un pobretón, que ni plata ni casa tiene. La municipalidad sí podría buscar al que manda a botar la basura para multarlo. Pero eso implica una labor investigativa mayor. La municipalidad también podría facilitar un lugar o un recipiente grande, donde la gente pueda depositar este tipo de basura.

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Pero lo que mayores resultados puede dar es un cambio de cultura. Recuerdo haber leído, hace años, un rótulo en un bus que decía: “Sea culto, bote la basura por la ventana”. Esa no puede seguir siendo nuestra cultura. Hay que tener mayor conciencia de cuánto y qué desechamos, y en dónde lo botamos. Hay que empezar por producir menos basura. Hay que aprender a separar lo que puede ser reutilizado o reciclado. Hay que buscar la acción comunitaria, haciendo conciencia del cuido que hay que tener de la comunidad. Un poco de presión social, para que a los que botan basura en la calle les dé, al menos, un poco de vergüenza. De lo que se trata, al final de cuentas, es de buscar un cambio de cultura: no puedo hacer lo que me da la gana, sin importarme cómo afecto al vecino.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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