Por: Nuria Marín Raventós 29 julio

Me preocupa lo señalado por Priscila Solano, presidenta de la Cámara de Turismo de Guanacaste, durante la celebración del 25 de julio, al preguntársele sobre la próxima llegada del parque Discovery: “De los muchachos que se gradúan, solo 1.000 hablan inglés, y los que salen de los colegios técnicos con 12 años de recibir ese idioma no tienen el nivel básico para trabajar en turismo. El INA (Instituto Nacional de Aprendizaje) da clases como para millonarios, pues son de 7 a. m. a 4 p. m. de lunes a viernes”.

Tales afirmaciones desnudan la realidad de una Costa Rica que si bien tuvo la visión correcta de incorporar el bilingüismo en sus escuelas y colegios, no le ha cumplido a una mayoría de jóvenes que, pese a haber recibido lecciones por 12 años, no logran un dominio satisfactorio. Imperdonable para un país que ha apostado por el turismo, la inversión extranjera y los servicios.

Resulta paradójico que siendo nuestro país pionero en la región latinoamericana al establecer como obligatorio el inglés en las escuelas y colegios desde hace más de 20 años, no haya capitalizado su visión en un mejor aprovechamiento de los recursos. Hemos avanzado mucho en cobertura, con un 87,8% (Estado de la Educación), empero seguimos con un bajo dominio del idioma, con un 51,35 (English Proficiency Index 2016).

Acierta Ricardo Hausmann al insistir en que invertir más recursos no siempre reditúa en una mejor educación. No es posible que con los recursos invertidos solo un 11,4% de los jóvenes logren un nivel adecuado del segundo idioma.

Se falla en preparar a los docentes, de los cuales un porcentaje muy alto apenas domina el idioma, lo que se revela en el mal desempeño de estos en evaluaciones o en sus notas al tratar de ingresar al MEP. Destaco que el número de horas es otro componente.

Por ello, celebramos las alianzas que el MEP ha hecho con Intel, la Embajada de los Estados Unidos y otras fundaciones para la utilización de la tecnología para estudiantes y docentes, y el esfuerzo de la institución por capacitar a los profesores, pero nos queda un largo camino por delante en el que no debemos cejar.

El conocimiento del inglés, y ojalá un tercer idioma, serán claves para la productividad y oportunidades de nuestros jóvenes. En tanto no se mejore la calidad, será una promesa incumplida y otro semilla más que ensanchará las desigualdades.