Por: Luis Mesalles 3 enero, 2015

Empieza el año, y la pregunta típica que nos hacen a los economistas es: “¿Qué va a pasar este año con el tipo de cambio y con las tasas de interés?”. En esa pregunta hay dos presunciones. Una es que al pasar la hoja del calendario, de un año a otro, existe una gran diferencia para la economía. La otra es que los economistas somos buenos para predecir el futuro.

Ninguna de las dos es verdadera. La economía es un continuo de interacciones entre agentes económicos que no se detienen nunca, ni siquiera para celebrar el año nuevo. Y, precisamente por esa razón, es imposible para los economistas predecir el futuro con exactitud. Son demasiadas personas, con demasiadas variables, interactuando en forma continua, como para que un economista, o cualquier persona, pueda adivinar cuál será el resultado final.

De ahí que la respuesta a lo que podría suceder con el tipo de cambio para el 2015 tiende a ser un tanto ambigua o esquiva. El análisis económico nos lleva a tener que utilizar supuestos, para, de ahí, construir posibles escenarios. Por ejemplo, si, para el 2015, suponemos que el Gobierno coloca $1.000 millones en bonos de deuda externa, que el precio del petróleo se mantiene bajo, y que los inversionistas siguen confiando en el país, ceteris paribus , el colón debería mantenerse en un rango parecido al del segundo semestre del 2014. Pero, si alguno de esos supuestos no se cumple, el colón tendería a devaluarse en el 2015.

De igual manera, si suponemos que el Gobierno logra reducir parcialmente su déficit, que lo financia sin mayores problemas en el mercado financiero local e internacional, que la demanda de crédito y la producción no crecen mucho, ceteris paribus , se podría esperar que las tasas de interés se mantengan cercanas a las actuales. Si alguno de esos supuestos no se cumple, las tasas de interés posiblemente subirían rápidamente.

Detrás de los escenarios mencionados están las expectativas. El resultado final depende mucho de lo que la gente piense que va a pasar. Lo que la gente siente que sucede en su propia economía, lo que escucha de las autoridades, de los economistas y de los amigos en reuniones, se utiliza para formar una opinión. Con esa opinión se toman decisiones, que son las que dan el resultado final de la economía.

Así que empecemos el año con una esperanza positiva de que será mejor que el que acaba de terminar. De ahí en adelante, el Gobierno, los economistas y cada uno de nosotros deberemos poner de nuestra parte para que así sea.