Las habilidades manuales, en tanto que necesitan del buen uso de las fuerzas finas, entre retener, dejar caer y soltar los instrumentos y objetos en el taller, pueden bien funcionar como metáfora de la práctica de virtudes como la amabilidad, la moderación y la prudencia mencionadas por Aristóteles

Por: Dorelia Barahona 6 diciembre

Desde la calidez del pan hasta la maravilla de una mesa. Desde el tendido de un puente hasta la reconstrucción de una pared. Desde la huerta donde se pudo hacer hasta la mermelada que ofrecimos en la feria. Las manos son del cuerpo las expresiones de su destreza y con ellas se construyen las ciudades y se dirige el rumbo de la nave social.

El hacer de las manos es un pacto que siempre genera otros pactos. Esa es la artesanidad como forma de vida. Su propuesta es transformar el entorno en algo significativo y coherente donde las personas no se pierdan en el sistema porque siguen siendo el sistema. Un sistema a imagen y semejanza de su relación original con el mundo es necesario, y ¿por qué no buscarlo donde siempre ha estado, en nuestro propio cuerpo?

El artesano trabaja con su cuerpo como ejemplo del saber que propone en el producto. Desde la materia viva (la arcilla), transformándola en materia muerta (el jarrón) con sus manos, siempre es una promesa de algo mejor. Desde lo que no ha sido (era solo arcilla) hasta llegar a lo que es (el jarrón donde guardar agua).

La mano del artesano reúne esa disposición para adecuar la materia al servicio de la historia y de las culturas. En este sentido es que el arte es la historia de las manos de los artesanos donde se da el dominio de las ideas por el cuerpo y no solo el dominio del cuerpo por las ideas, como lo hace la ideología o la moral.

El artesano, a través de la mano (p???s??), conecta con la pasión de sí mismo ante la materia, con todo el bagaje acumulado por la historia en su cuerpo. En el sentido en que Damasio nos define cuerpo como “un trozo de naturaleza cerrado por la barrera de la piel” (2006:199), concordando con la idea de mimesis como extensión de la naturaleza que ofrece el pensamiento aristotélico.

Propuesta humanista. La artesanidad planteada por Richard Sennett nos acerca a esta propuesta humanista donde el ser humano vive en grupos gracias a su capacidad para autoadministrar sus fuerzas como lo hace la mano cuando toca un violín en cada presión del dedo sobre la cuerda, o como lo hace un carpintero presionando o soltando una caladora.

Lo evidente es la capacidad autogestiva ineherente al ser humano y, sobre todo, la capacidad de cooperación presente en las partes del cuerpo como un solo sistema, o en los dedos como socios a la hora de tejer un tapiz en donde uno empuja, el otro presiona y el otro soporta.

Una visión de la mano que es todo el cuerpo y un cuerpo que somos todos los cuerpos sociales, en una construcción exponencial que nos evidencia cuán alejada está la política de esta organización inicialmente biológica y por eso más orgánica y afín al ser humano.

La mano, por lo tanto, es la tejedora de la cultura material de los pueblos y es moldeada a sí misma según sus usos: asiendo, tomando, agarrando, indagando, aquilatando, presionando y soltando a voluntad, al igual que ocurre en la mente cuando una idea o conducta se suelta y se toma. Se presiona y se deja.

“Soltar o liberar tiene también implicación ética como cuando renunciamos al control de otras personas” (Sennett 2009:188)

La estrategia comunitaria que puede aportar la artesanidad es muy grande. Con solo observar cómo se movilizan con sentido cooperativo los dedos al pintar, al modelar, al tejer, al tocar el piano etc. Podemos ver el parecido con la misma cooperación social y el altruismo como práctica ética. Sí, pasar por de lado el hecho de que la coordinación de las manos siempre tiene que conciliar entre la izquierda y la derecha para realizar el producto.

Puente cerebral. Al respecto, Sennett (2009:203) dice: “La práctica que divide el trabajo manual en partes debilita la transferencia neuronal en donde el cuerpo calloso es un puente que conecta en el cerebro la corteza motora del hemisferio derecho, con la del izquierdo, transmitiendo información sobre el control del movimiento corporal de un lado al otro”.

Un ejemplo de esto es la pérdida de capacidades cuando solo se emplean módulos en vez de la totalidad, como en los procesos industriales especializados y la educación orientada al racionamiento y la destreza parcial.

Es importante mencionar también que las habilidades manuales, en tanto que necesitan del buen uso de las fuerzas finas, entre retener, dejar caer y soltar los instrumentos y objetos en el taller, pueden bien funcionar como metáfora de la práctica de virtudes como la amabilidad, la moderación y, por supuesto, la prudencia mencionadas por Aristóteles como pilares de las virtudes éticas y que podemos comparar con el dejar soltar, retener y tensar en la justa medida en que lo requiera el artesano.

No es casual que un apretón de manos selle un pacto social. Símbolo de fuerzas coordinadas hacia un buen fin, ¿no les parece?

La autora es filósofa y escritora.

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