Por: Fernando Durán Ayanegui 20 noviembre, 2016

Cuando el comando de campaña de Hillary Clinton denunció una supuesta intervención rusa en el proceso electoral estadounidense, los rusos lo desmintieron. Para nosotros se trataba de una anécdota política sin importancia, pero nos pareció insultante que Vladimir Putin preguntara burlonamente si los denunciantes creían que Estados Unidos se había convertido en una banana republic a la cual una potencia de segundo orden como Rusia podía manipularle unas elecciones, sin dejar claro cuál era el blanco real de su ofensa: las banana republics o Estados Unidos.

Nos recordó Putin la soberbia de tantos europeos que les atribuyen a los países latinoamericanos una gran inmadurez política, y eso nos irritó tanto que decidimos ponernos “historiosos” y, dado que la mayoría de los comentaristas de prensa compararon la victoria de Trump con la llegada de Hitler al poder, nos propusimos recordar cuántos eran los regímenes del tipo banana republic que había en Europa cuando Hitler afianzaba su control sobre Alemania y, según una especie de leyenda negra a la inversa, toda Latinoamérica estaba gobernada por dictaduras sangrientas o por mafias corruptas que deberían avergonzarnos.

Como sus nombres son bien conocidos, no pasaremos lista de los dictadores latinoamericanos de aquellos tiempos, pero con la idea de que quizás Donald Trump sea tan solo un imitador de impresentables bufones europeos contemporáneos, tipo Sarkozy y Berlusconi, examinaremos el período comprendido entre la victoria de Hitler y el inicio de la II Guerra Mundial, para ver de cerca algo que no nos enseñaron en nuestros dispersos cursos de historia.

A mediados de 1939, antes de empezar la guerra, en la avanzada Europa estaban en el poder los siguientes gobernantes fascistas, todos tolerados por una magra docena de democracias sobrevivientes y tan despóticos como pocos se han visto en las banana republics de América: Mussolini en Italia, Oliveira Salazar en Portugal, Hitler en Alemania y Austria, Franco en España, Metaxas en Grecia, el regente Pablo en Yugoslavia, Horty en Hungría, Antonescu en Rumania, Boris III en Bulgaria, el rey títere Zog en Albania y Tiso en Eslovaquia.

Putin debe retirar lo dicho y excusarse ante las banana republics americanas –aunque solo sea ante la de Nicaragua, que tanto aprecia– y aceptar que, tal vez, Estados Unidos comienza a parecerse a un país de Europa central o mediterránea de aquella década de 1930.